Glorificar el sexo. El efímero placer que produce el orgasmo. La sencilla calma que deja un par de horas de esfuerzo físico vertido en aquello que naturalmente debía pasar pero que no va a pasar. Honor al sexo; honor al orgasmo. El orgasmo impersonal y egoísta.
El sexo: ese ejercicio que separa la racionalidad de la irracionalidad; la expansión del espacio, de todas las posibilidades del espacio y del tiempo. El sexo con una mujer diferente cada vez: el sabor de la diferencia, el revés de la diferencia. El sexo de reencuentro: el sexo memoria, el sexo recuerdo. El sexo por la mañana en vez de ir a la oficina. El sexo maduro que quita el frio los viernes por la noche. El sexo activo los martes por la mañana, con las cortinas corridas y la ciudad desespereza con camiones y gente.
Si pienso en sexo en este momento, si la inspiración no me da para más que para pensar en el sabor de un sexo núbil, cálido, mío, entonces he fallado en todo lo demás, entonces el espíritu logró engañarme y el paraíso se convierte en la masturbación errada de la adolescencia procaz. Honor al sexo y a su olvido, a su recuerdo, a su repetición: evocación sabor a vino, sabor a esperanza, a ilusiones; sabor a estrellas, a frenesí, a música que se construye para oídos apagados.
