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19 enero 2023

Bagdad reloaded




Una calle llena de tierra o de arena del desierto, un lugar amarillento. Bagdad. Chayo López, con un sombrero panamá, un traje de lino crudo y unos zapatos color café, cargaba un portafolio de piel. 

En una de las vitrinas de las tiendas alcanzaba a ver, enredado en el cuello, mi shemagh naranja, una camisa blanca y unos pantalones también de lino crudo. Supongo que traía zapatos, una costumbre que, adivinaba, no había perdido con el cambio de trópico, pero el reflejo del espejo no me dejaba mis pies. 

El polvo de la calle se levantaba fácilmente al paso de los autos y tenía la misma textura que en las películas de Indiana Jones. Hacia calor. 

Chayo López y yo teníamos un trabajo que hacer. Un trabajo que tenía que ver con el portafolio café que llevábamos, un trabajo de espías, pensé mientras nos veíamos cruzar la calle mirando hacía ninguna parte con los ojos cubiertos por gafas. 

No sabía qué haríamos, pero estaba seguro de que era un trabajo que requería de nuestra presencia, de nuestra manos y de nuestras palabras, por lo menos de las mías si no quería que todo se fuera al traste por alguna cosa que el Chayo López, en uno de sus tradicionales arranques de terquedad, dijera. 

Las calles comenzaron a vaciarse, como en un Western apocalíptico o distópico, según desde la generación que se mire. Delante de nosotros, al final de la calle y como en un duelo, un carrito de golf con quien, adivino, es la mujer de Chayo López. 

Entonces sé perfectamente qué estamos haciendo y pongo la vista en los ojos ya sin gafas de Chayo López, unos ojos enrojecidos, por el sol, por el polvo, por el tiempo, por lo que significa el final de la calle. Quiero decirle algo pero sé que el destino es inevitable y que la calle, ahora ya vacía, no es una calle, sino una carretera y que nos aceramos al final al mismo tiempo que el final se acerca a nosotros.

09 febrero 2022

2666 - Roberto Bolaño




He entrado tres o cuatro veces en 2666. Soy un reincidente. Soy un necio. Esta vez me imaginé escribiendo a Luis: 


“Bolaño nos engañó a todos. 2666 es una novela inacabada. El lector va llenando los espacios. El lector mexicano más, pues está familiarizado con el país, los crímenes…”


En La parte de los crímenes tuve que detener la carta imaginaría. 


¿Cuántos días estuve apresado en las arenas de la literatura de Bolaño? 

¿5? 

¿30? 

¿Meses? 


Soñé con Santa Teresa: desierto insondable lleno de fantasmas, ese otro Páramo, ese otro Pedro; el lenguaje mexicano que está más allá de lo que quiere comunicar, de lo que puede decir en lo cotidiano. 


Soñé con el misterio del crimen. Apresuré la lectura como hace veinte años. Sin descanso mental, sin intermedios: una píldora, una lobotomía automática, una terapia de choques eléctricos en la punta de los dedos, debajo de las uñas. La arena de desierto se aparecía en mis zapatos, en el fondo de mis vasos de vodka.  


En algún momento 2666 se convirtió en un espacio real: Santa Teresa, Sonora, el norte de México, el sabor del desierto y del mezcal Los Suicidas; Archimboldi, La rosa ilimitada, Bifucaria Bifurcata, La cabeza, los pasos del gigante que se cernían como una profética tormenta auto cumplida.  Los espejos donde la política mexicana no se refleja, donde Liz Norton de convierte en Alicia. 


2666: une oasis d'horreur dans un désert d’ennui 


El tiempo se condensa en 2666. El libro que respira por sí mismo, el corazón delator en medio del librero. Descansando desde hace unos veinte años. Una serpiente que se muerde la cola,  un descarnado zoom anatómico; el horror de la muerte, el terror del moribundo.


La búsqueda de la verdad última dentro de la ficción que es la única verdad que prevalece. La muerte que se confunde con el sueño y el sueño que se confunde con la muerte y regresa con la cabeza enmarañada y las manos vacías. 


Quizás, después de esta inmersión, de este embrujo de profético Chocongo o Golden Acapulco o Los Suicidas - o todas juntas, o ninguna - el mundo sigue reconstruyéndose y yéndose al carajo por donde vino: 


Poco después salió del parque y a la mañana siguiente se marchó a México.