Alison Sudol es el tipo de chica que me gusta. No es especialmente atractiva, no es particularmente guapa. Me gusta, digamos, desinteresadamente y en momentos, como me gusta la conjunción del olor a café con el olor del bosque después de llover. No lo necesito todos los días. No lo tengo todos los días, pero la simple evocación es reconfortante.
Encontré a Alison Sudol en la portada de un disco. Tenía un vestido amarillo y el cabello, quiero creer confiando en mi daltonismo, rojo. La piel casi transparente y los ojos buscando alguna cosa más allá del suelo.
No fue la primera vez que compré un disco por la portada. Algo así me pasó con Magdalena Kozená. Con Karen Elson. La última vez que pasó, no hace mucho, fue con BOY: Carola estaba frente a mí y por alguna razón no funcionaba el sonido o yo qué sé pero vimos una foto de las chicas y le dije hay que seguirlas para escucharlas y ella me dijo: ¿vas a seguirlas y a escucharlas sólo porque están guapas? y yo le contesté que sí, si no podemos escucharlas, ¿de qué otra manera podríamos saber si cantan bien?
2007, pues, One cell in the sea. No todas las chicas guapas cantan bien. A Fine Frenzy no era una chica guapa, me gustaba que es diferente y cantaba bien. El disco también me gustó. Me gustó mucho. Aún lo sigo escuchando a pesar de traer un poco.
Hace un momento, mientras terminaba de hacer sopa de tomate escuché el disco que compré en 2007: One cell in the sea, sigue siendo el disco que compré, a pesar de Spotify, a pesar de melancolía Reserva 2010, a pesar de que la voz de Alison Sudol sale por una Beoplay y no mis viejas bocinas convencionales. Alison Sudol, A fine Frenzy; la pelirroja vestida de amarillo en la portada de un disco de 2007, la chica de Bomb in a Birdcage; Queenie Goldstein en alguna entrega de algo así como Harry Potter. Alison Sudol, con todo y el tiempo, sigue siendo el tipo de chica que me gusta.
