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29 octubre 2021

Abandonarse a la pasión - Hiromi Kawakami



La voz de Hiromi Kawakami surge lejana, susurrante, como desde un pozo. 


Hace frío. Los días comienzan a ser más cortos, el cierzo pasa por debajo de la puerta, se cuela en la ventana del baño. La soledad, traída desde otro momento del tiempo, regresa con sus ojos llenos y sus brazos abiertos y el recuerdo es, de un momento a otro, el presente fugaz y advenedizo que se escapa como un cascabel.


Abandonarse a la pasión es para leerse en otoño. No lo sabía pero la fortuna, que engaña al destino, me lo trajo entre hojas de calabazas y cervezas ámbar. Los días en el otoño se enfrían como las páginas de Kawakami, hasta dejarte con ese prudente dolor de articulaciones en el frío. 


Abandonarse no tiene más de 120 páginas: relatos cortos, concretos, sin sobrantes ni grandes descripciones barrocas, sin sentimentalismos occidentales bañados de un psicoanálisis mariquita ni un exceso de “querer ser diferente” que tienen algunos autores con poca seguridad en ellos mismos. 


Hiromi Kawakami sabe de qué está hablando, ha sentido el frío del desamor y esa breve tibieza de los besos; conoce la estructura de las ciencias (estudió ciencias naturales) y sabe perfectamente cómo atrapar esos sentimientos concretos pero etéreos, mariposas de sensaciones que surgen en campos solitarios; sentimientos que se van anidando hasta que surgen, como el silencio en la música. 


El frío del amor y la fina tibieza de la resignación. Kawakami me recuerda ese sabor a otros otoños, el olor a las mandarinas, los encuentros, los desencuentros, las apariciones fantásticas, increíbles; las lluvias de hojas y los cielos azules y, más en el fondo, la única sensación honesta que se produce al pasar la mano por encima de la cabeza de un perro. 


Kawakami es prudente y agridulce. Abandonarse no tiene pretensiones: una grulla de origami con audífonos en medio de una sala de quimioterapia.  

24 septiembre 2021

Ensayo de un crimen - Rodolfo Usigli



[…]

Se detuvo para tomar aliento.

- Me contó que cuando usted era muy joven, en provincia, le había dicho a su hermana que quería ser un gran santo o un gran criminal. ¿Es cierto?

- Era cierto - dijo él con cierta melancolía. 

- Hubiera sido apasionante - dijo ella. 

[…]



Ensayo de un crimen es una novela negra de 1944 escrita por Rodolfo Usigli, un sujeto que tuvo varias facetas en su vida, fue político, escritor, poeta, precursor de la cultura a través del teatro, autodidacta, embajador de México en Líbano y  Noruega,  incluso director de prensa de la presidencia de la república en 1936, se casó dos veces, se peleo con Luis Buñuel y escribió una novela increíble, la primera en su tipo pero aún vigente.



Ensayo cuenta la historia de Roberto de la Cruz un tipo que se dedica a vivir la vida de manera desinteresada en todos los planos menos en el de la belleza: es un esteta De la Cruz posee una pequeña fortuna heredada de su familia y que está por terminarse. De la Cruz, además, es un tipo con suerte y encuentra en un juego de poker que organiza un viejo conocido suyo la solución a su situación financiera. 


La suerte de Roberto de la Cruz en el juego será una constante durante toda la historia, con esto Usigli resuelve el tema económico para su protagonista y le permite dedicarse a una sola cosa: debatirse entre cometer o no cometer un asesinato gratuito. 


Roberto de la Cruz es un asesino, al menos lo es en su propio imaginario y en sus intenciones; sin embargo no es un asesino común, cercano a las ideas de De Quincy, a Hannibal Lecter, Roberto de la Cruz tiene, en su propio sentido estético la mesura de sus intenciones de asesino y en la misma belleza, encontrará también la salida temporal de sus crímenes. 


Esta idea de belleza está representada en la Señora Cervantes y en su hija (llamada la Nena pero de nombre Carlota como la propia madre de Usigli), quienes comienzan a cobrar importancia en escena a partir de la segunda mitad del libro y en Lavinia  (interpretada por Miroslava Stern en la película Ensayo de un crimen, la vida criminal de Archibaldo de la Cruz, dirigida por Luis Buñuel e inspirada en esta novela), quien aparecerá aún después y evocará la belleza de las mujeres Cervantes. La belleza forma parte imprescindible de la visión de Roberto de la Cruz, transfigurada en las mujeres pero con una fuerte carga en el arte, especialmente en los objetos antiguos. 



Dos fenómenos entonces forman parte de la visión del protagonista: fortuna y belleza. Elementos fundamentales en la narrativa y en la comprensión de la historia. En contraposición, la fealdad de los personajes de Patricia Terrazas y el conde Schwartzemberg; personajes que no sólo son feos por fuera y por dentro, que representan los defectos viles de los seres humanos y el detonante para que el cálculo estético de De la Cruz confirme, casi como un acto bueno, deshacerse de ellos. 


Pero los personajes del Ensayo están tan bien pensados que el ex inspector Herrera, Roldán o el gordo Asuara, en la medida de cada uno, son piezas claves en la historia, aunque su aparición no sea demasiada pero sí pertinente. Las acciones de estos, más Luisito o el mismo señor Cervantes, afectan la historia a la manera del Efecto Mariposa. Las causas, entonces, quedan plasmadas en las páginas, pero no bastan para alcanzar a conocer los efectos en los personajes: todo está perfectamente entrelazado y diseñado como la tela de una araña que se actualiza con la voz de un narrador en tercera persona.    


Ensayo también es una novela que refleja un México distante pero familiar, evocación de cierta nostalgia de lo no vivido (a la manera de las escenas de Bolaño en Los detectives salvajes) y deja un sabor fresco en la boca; un México que se comparte en historias de cantina, un Mexico lejanamente cercano, a la vuelta de la esquina. 


La homosexualidad, la infidelidad, el juego, aparecen en una discusión con categorías actuales, resistiéndose a la moralidad que suponemos de la época y abre al mundo a un México como nación que evoca a viejos países europeos: una nación independiente, democrática, de avanzada, una sociedad que discute en un plano diferente a los juicios inquisidores y llenos de prejuicios de una clase media como aquella de los años setenta en Radicales Libres de Rosa Beltrán.


Los cafés, los bares, la comida, los highballs generan sensaciones al recordar ese andar por las calles de la colonia Roma, de Reforma, del centro de la ciudad; una ciudad que se repite hoy en su idea urbana: caminar en vez de usar auto, pasear por los parques, usar taxis, descubrir bares y cantinas y antros donde la diferencia aparece de noche, para dar paso a ese otro México que duerme de día. 


Ensayo de un crimen es una novela obligada en el género policíaco, en franca competencia con obras como las de Mankell, Lemaitre; para aquellos lectores que equilibran su lectura de las novelas ingenuas y sentimentales (como dice Orhan Pamuk en El novelista ingenuo y el sentimental); para aquellos que buscan encontrar en la forma de narrar historias una respuesta (como Angourie Rice en The Community Library); pero sobre todo, Ensayo de un crimen es una novela que habla sobre la belleza como forma de vida, de muerte; un trascendental, como dice mi amigo Tafa, capaz de redimir: solo la belleza nos salva.