08 mayo 2020

Back to Black



En la habitación un tornamesa portátil con un sólo disco: Back to black. 

A mí nunca me gustó Amy Winehouse. 
A la península esas cosas no le importan. 

Puse el disco: 
un poco por la nostalgia de mi casa, 
un poco por la entrada del sol 
un poco para acompañar el sonido de las olas rompiendo el fin de otro año. 

Back to Black

Mi amigo Tafa salía en bermudas a ver el horizonte. 
Una saudade de mañana
la misma saudade con un sabor más soleado. 

Atrás habíamos dejado Puerto Nuevo y Tijuana y Rosarito. 
Atrás las Playas de San Felipe y el Valle de los Gigantes y la Bufadora. 
Atrás nosotros, siempre atrás; salvajes detectives en busca de un desierto,
en busca de la misma Cesárea perdida, incomprendida, rebelde. 
   
Back to black se convirtió entonces en esa música de fondo de pelo recién lavado y un desayuno peninsular y en el fondo de mi memoria Billie Pipper: también Amy Winehouse, también Back to Black.

Amy Winehouse revienta en un diseño de Cecile Manz, 
el sol de la Península entra por el domo de la casa, 
invierno y Ensenada. 

Hay algo triste en este recuerdo. 
Una nostalgia fría, solar 
un sabor a Harry Polanco y Foca Parlante,
un sabor a uvas inmortales.    

Y se hace tarde,
pienso en mi amigo Tafa, 
está apenas a unas calles, 
a cientos, a miles del calles 
millones de calles.

Algún fin de año, 
el mismo sol  que me clarea el cabello
y
si cierro un poco los ojos 
el sonido del mar imposible 
el sol sobre las pistas
y el secreto del desierto en mis oídos

04 mayo 2020

Soñadores




Los soñadores, una chingadera. 

¡¿Soñar?! 

¡Soñar con qué! 

¿Lo imposible? 
¿Lo innombrable? 
¿Lo optimista? 

Soñar con lo de siempre, 
¿con la felicidad?, 
¿con la posibilidad de la felicidad?, 
¿con alguna cosa, animal, persona o lo que sea que genere felicidad? 

Los soñadores son un cáncer en la punta del chile: 

son los que cambian el mundo a costa suya y de sus mediocridades, 
de sus propias imaginaciones cortas. 

Los soñadores son esos mariquitas,
al otro lado del teléfono, 
a través de la pantalla 

Son los que no saben, 
que no huelen, 
que se esconden tras un cabello relamido. 

Son lambiscones murcielagescos. 

Ciegos 

Niegan el cuerpo
Niegan el sexo

Lo soñadores se duermen con la boca abierta: viejas arañas en lámparas de catedrales.

Soñadores del mundo
Retratos retardados de un Goya manco,
oligofrénico,
babeante.

 Luces artificiales
Luces blancas

Los soñadores son los amorosos del cuento de Sabines 
Los Soñadores son los héroes femeninos de Hugo. 

Los soñadores son los Houllebecqs viviendo en las casas de sus madres, son los jueces que olvidaron la justicia, los abogados vegetarianos, los ideólogos orgánicos. 

Soñar 
Soñar 
Soñar, 
para qué 

Para volver
Para volver y encontrarse con el vacío de este cálido desierto cotidiano aderezado con las noticias de las siete. 

¡Y sueñan!
¡Una musa!
¡No mames! 
¡Una musa! 

Mariquitas de musas imaginarias, inalcanzables.  
Musaraña enredadas en las palabras sin carácter de la poesía nerudiana.

Soñadores 
¡Qué pesadez!
¡Qué pesadez de encierro! 
¡Qué pesadez de buenas intenciones! 
y
¡Qué puto calor hace!