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20 septiembre 2021

Cuba Linda




Maite Hontelé no es la rubia que intentó enseñarme a bailar salsa cubana y no es la rubia que encontramos alguna vez en el metro y que buscaba llegar a un centro de convenciones a hablar sobre medicina; tampoco es la holandesa que me regalo un cubo, literal, de agua en un vuelo París - Amsterdam; ni aquella de vacaciones en Cancún que olía a manzana y bailaba levantando los brazos y gritaba.  


Maite Hontelé es la rubia de oro -¡cómo si no lo fueran!- que me trajo de nuevo a pensar en esa Cuba que conocí hace unos 10 años. Y esa trompeta que hila, como Ariadna, el retorno a la entrada de recuerdos que se me habían quedado atorados entre el hipotálamo, el olvido y mi poca coordinación para el cha cha cha. 


Y es que no puedo dejar de escuchar Cuba Linda. Me gusta la salsa: cuando bebo de más, cuando bailo con Carola, cuando cocinamos. Pero Cuba Linda es un disco  que no he podido dejar de escuchar desde hace semanas, en parte porque es concreto y directo, sincero; en parte porque tiene ese sabor de una tardecita por el malecón, un viaje en cocotaxi, tiene el son de una ida a El Palacio de la Rumba que empieza con una cena en la Habana Vieja y un Montecristo 4, precedido de una Cuba Libre con Havana 3 que abre paso a un Cubata con Havana 7, unos ojos de gata y descubre las promesas del Caribe, promesas  eternas que duran lo que un “Dile que no”.


Cuba Linda y una holandesa medio colombiana tocando la trompeta para un son cubano único, para una salsa que avanza y retrocede, que sabe a sal, a noche, a todo el tiempo en un solo guiño y a la banda que no se calla, aunque sean las 3 de la mañana.



Y en el disco


Algo clásico: Casi Muero

Algo obligado: El Cañangazo

Algo biográfico: Soy de lo peor 

08 mayo 2020

Back to Black



En la habitación un tornamesa portátil con un sólo disco: Back to black. 

A mí nunca me gustó Amy Winehouse. 
A la península esas cosas no le importan. 

Puse el disco: 
un poco por la nostalgia de mi casa, 
un poco por la entrada del sol 
un poco para acompañar el sonido de las olas rompiendo el fin de otro año. 

Back to Black

Mi amigo Tafa salía en bermudas a ver el horizonte. 
Una saudade de mañana
la misma saudade con un sabor más soleado. 

Atrás habíamos dejado Puerto Nuevo y Tijuana y Rosarito. 
Atrás las Playas de San Felipe y el Valle de los Gigantes y la Bufadora. 
Atrás nosotros, siempre atrás; salvajes detectives en busca de un desierto,
en busca de la misma Cesárea perdida, incomprendida, rebelde. 
   
Back to black se convirtió entonces en esa música de fondo de pelo recién lavado y un desayuno peninsular y en el fondo de mi memoria Billie Pipper: también Amy Winehouse, también Back to Black.

Amy Winehouse revienta en un diseño de Cecile Manz, 
el sol de la Península entra por el domo de la casa, 
invierno y Ensenada. 

Hay algo triste en este recuerdo. 
Una nostalgia fría, solar 
un sabor a Harry Polanco y Foca Parlante,
un sabor a uvas inmortales.    

Y se hace tarde,
pienso en mi amigo Tafa, 
está apenas a unas calles, 
a cientos, a miles del calles 
millones de calles.

Algún fin de año, 
el mismo sol  que me clarea el cabello
y
si cierro un poco los ojos 
el sonido del mar imposible 
el sol sobre las pistas
y el secreto del desierto en mis oídos