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09 febrero 2022

2666 - Roberto Bolaño




He entrado tres o cuatro veces en 2666. Soy un reincidente. Soy un necio. Esta vez me imaginé escribiendo a Luis: 


“Bolaño nos engañó a todos. 2666 es una novela inacabada. El lector va llenando los espacios. El lector mexicano más, pues está familiarizado con el país, los crímenes…”


En La parte de los crímenes tuve que detener la carta imaginaría. 


¿Cuántos días estuve apresado en las arenas de la literatura de Bolaño? 

¿5? 

¿30? 

¿Meses? 


Soñé con Santa Teresa: desierto insondable lleno de fantasmas, ese otro Páramo, ese otro Pedro; el lenguaje mexicano que está más allá de lo que quiere comunicar, de lo que puede decir en lo cotidiano. 


Soñé con el misterio del crimen. Apresuré la lectura como hace veinte años. Sin descanso mental, sin intermedios: una píldora, una lobotomía automática, una terapia de choques eléctricos en la punta de los dedos, debajo de las uñas. La arena de desierto se aparecía en mis zapatos, en el fondo de mis vasos de vodka.  


En algún momento 2666 se convirtió en un espacio real: Santa Teresa, Sonora, el norte de México, el sabor del desierto y del mezcal Los Suicidas; Archimboldi, La rosa ilimitada, Bifucaria Bifurcata, La cabeza, los pasos del gigante que se cernían como una profética tormenta auto cumplida.  Los espejos donde la política mexicana no se refleja, donde Liz Norton de convierte en Alicia. 


2666: une oasis d'horreur dans un désert d’ennui 


El tiempo se condensa en 2666. El libro que respira por sí mismo, el corazón delator en medio del librero. Descansando desde hace unos veinte años. Una serpiente que se muerde la cola,  un descarnado zoom anatómico; el horror de la muerte, el terror del moribundo.


La búsqueda de la verdad última dentro de la ficción que es la única verdad que prevalece. La muerte que se confunde con el sueño y el sueño que se confunde con la muerte y regresa con la cabeza enmarañada y las manos vacías. 


Quizás, después de esta inmersión, de este embrujo de profético Chocongo o Golden Acapulco o Los Suicidas - o todas juntas, o ninguna - el mundo sigue reconstruyéndose y yéndose al carajo por donde vino: 


Poco después salió del parque y a la mañana siguiente se marchó a México.  

29 septiembre 2021

El novelista ingenuo y el sentimental - Orhan Pamuk



Orhan Pamuk es Estambul y Estambul es Orhan Pamuk. Como la paradoja del huevo y de la gallina, no se sabe quién fue primero: el lector sentimental -el lector reflexivo- pensaría que Estambul es antes que Pamuk; el lector ingenuo concedería que el Estambul de las novelas de Pamuk es único, suyo. 


La sensación de cruzar el puente Gálata para llegar a la Torre y la sensación de leer Cevdet Bey e hijos es más que suficiente para entender que Estambul es Pamuk y Pamuk, Estambul, un Estambul muy concreto.


El novelista ingenuo y el sentimental es una compilación de 6 conferencias de Orhan Pamuk  en Harvard. Habla sobre teoría de la novela desde la perspectiva del lector y del escritor. El titulo obedece a un texto de Schiller: Sobre poesía ingenua y poesía sentimental


Las disertaciones de Pamuk giran en torno a las novelas que lo han influenciado como lector, ávido de encontrar algo más que una forma de pasar el rato o de perder el tiempo, y como escritor, un constructor de historias. 


En El novelista, Pamuk parte de la premisa de la existencia de al menos dos tipos de novelas: aquellas que tienen un centro y aquellas cuyo centro se expande convirtiéndose en la novela misma y hace, al igual que Roberto Bolaño, una metáfora de la novela como un bosque. Una verdadera clase de literatura para escribir y para leer: “Este libro es un todo integral que comprende los aspectos más importantes que sé y que he aprendido sobre la novela”.


El novelista también es una guía de lectura doble. De las grandes novelas y los grandes novelistas: Tolstoi, Dostoyevski, Mann y Proust. Y de la obra de Orhan Pamuk, al menos de algunas de sus novelas (fue escrito en 2209), y que funciona como una guía través de su literatura (sin spoilers) y sobre todo, como una clase de cómo leer novelas.

24 septiembre 2021

Ensayo de un crimen - Rodolfo Usigli



[…]

Se detuvo para tomar aliento.

- Me contó que cuando usted era muy joven, en provincia, le había dicho a su hermana que quería ser un gran santo o un gran criminal. ¿Es cierto?

- Era cierto - dijo él con cierta melancolía. 

- Hubiera sido apasionante - dijo ella. 

[…]



Ensayo de un crimen es una novela negra de 1944 escrita por Rodolfo Usigli, un sujeto que tuvo varias facetas en su vida, fue político, escritor, poeta, precursor de la cultura a través del teatro, autodidacta, embajador de México en Líbano y  Noruega,  incluso director de prensa de la presidencia de la república en 1936, se casó dos veces, se peleo con Luis Buñuel y escribió una novela increíble, la primera en su tipo pero aún vigente.



Ensayo cuenta la historia de Roberto de la Cruz un tipo que se dedica a vivir la vida de manera desinteresada en todos los planos menos en el de la belleza: es un esteta De la Cruz posee una pequeña fortuna heredada de su familia y que está por terminarse. De la Cruz, además, es un tipo con suerte y encuentra en un juego de poker que organiza un viejo conocido suyo la solución a su situación financiera. 


La suerte de Roberto de la Cruz en el juego será una constante durante toda la historia, con esto Usigli resuelve el tema económico para su protagonista y le permite dedicarse a una sola cosa: debatirse entre cometer o no cometer un asesinato gratuito. 


Roberto de la Cruz es un asesino, al menos lo es en su propio imaginario y en sus intenciones; sin embargo no es un asesino común, cercano a las ideas de De Quincy, a Hannibal Lecter, Roberto de la Cruz tiene, en su propio sentido estético la mesura de sus intenciones de asesino y en la misma belleza, encontrará también la salida temporal de sus crímenes. 


Esta idea de belleza está representada en la Señora Cervantes y en su hija (llamada la Nena pero de nombre Carlota como la propia madre de Usigli), quienes comienzan a cobrar importancia en escena a partir de la segunda mitad del libro y en Lavinia  (interpretada por Miroslava Stern en la película Ensayo de un crimen, la vida criminal de Archibaldo de la Cruz, dirigida por Luis Buñuel e inspirada en esta novela), quien aparecerá aún después y evocará la belleza de las mujeres Cervantes. La belleza forma parte imprescindible de la visión de Roberto de la Cruz, transfigurada en las mujeres pero con una fuerte carga en el arte, especialmente en los objetos antiguos. 



Dos fenómenos entonces forman parte de la visión del protagonista: fortuna y belleza. Elementos fundamentales en la narrativa y en la comprensión de la historia. En contraposición, la fealdad de los personajes de Patricia Terrazas y el conde Schwartzemberg; personajes que no sólo son feos por fuera y por dentro, que representan los defectos viles de los seres humanos y el detonante para que el cálculo estético de De la Cruz confirme, casi como un acto bueno, deshacerse de ellos. 


Pero los personajes del Ensayo están tan bien pensados que el ex inspector Herrera, Roldán o el gordo Asuara, en la medida de cada uno, son piezas claves en la historia, aunque su aparición no sea demasiada pero sí pertinente. Las acciones de estos, más Luisito o el mismo señor Cervantes, afectan la historia a la manera del Efecto Mariposa. Las causas, entonces, quedan plasmadas en las páginas, pero no bastan para alcanzar a conocer los efectos en los personajes: todo está perfectamente entrelazado y diseñado como la tela de una araña que se actualiza con la voz de un narrador en tercera persona.    


Ensayo también es una novela que refleja un México distante pero familiar, evocación de cierta nostalgia de lo no vivido (a la manera de las escenas de Bolaño en Los detectives salvajes) y deja un sabor fresco en la boca; un México que se comparte en historias de cantina, un Mexico lejanamente cercano, a la vuelta de la esquina. 


La homosexualidad, la infidelidad, el juego, aparecen en una discusión con categorías actuales, resistiéndose a la moralidad que suponemos de la época y abre al mundo a un México como nación que evoca a viejos países europeos: una nación independiente, democrática, de avanzada, una sociedad que discute en un plano diferente a los juicios inquisidores y llenos de prejuicios de una clase media como aquella de los años setenta en Radicales Libres de Rosa Beltrán.


Los cafés, los bares, la comida, los highballs generan sensaciones al recordar ese andar por las calles de la colonia Roma, de Reforma, del centro de la ciudad; una ciudad que se repite hoy en su idea urbana: caminar en vez de usar auto, pasear por los parques, usar taxis, descubrir bares y cantinas y antros donde la diferencia aparece de noche, para dar paso a ese otro México que duerme de día. 


Ensayo de un crimen es una novela obligada en el género policíaco, en franca competencia con obras como las de Mankell, Lemaitre; para aquellos lectores que equilibran su lectura de las novelas ingenuas y sentimentales (como dice Orhan Pamuk en El novelista ingenuo y el sentimental); para aquellos que buscan encontrar en la forma de narrar historias una respuesta (como Angourie Rice en The Community Library); pero sobre todo, Ensayo de un crimen es una novela que habla sobre la belleza como forma de vida, de muerte; un trascendental, como dice mi amigo Tafa, capaz de redimir: solo la belleza nos salva.

15 septiembre 2021

La llave / Diario de un viejo loco: dos novelas en forma de diario de Junichiro Tanizaki


Descubrí a Junichiro Tanizaki gracias a mi amigo Johnny Deep quien me regaló El cortador de cañas, una novela corta que habla de ese Japón legendario que parece extinto. Después de El cortador empecé a prestar atención a Tanizaki que se convirtió, junto a Mishima, Kawabata y Murakami, en uno de mis escritores japoneses favoritos.  


Tanizaki tiene este sabor a un Japón de otro siglo, de otra era; quizás sea una de las mejores formas de entender las eras de Japón y sus cambios, que van del país encerrado al mundo al industrializado y que se resiste a dejar entrar a occidente. El Japón de Tanizaki tiene ese sabor de tierra mojada y luciérnagas, pero también a lo nuevo, a transición de kimonos a trajes sastre, como cambia la protagonista de La llave


Ese sabor está en las dos novelas escritas en formas de diarios, de confesionarios personales. La llave, una novela con dos punto de vista diferentes, un esposo y una esposa, sobre cómo tiene que ser el sexo y la vida en pareja después de algunos años. La llave es un texto increíble, a leerse como prevención o como receta; pertinente en cualquier momento.


La llave habla de un matrimonio que está varado. Ella no tiene mayor emoción por su esposo y no soporta tener sexo con él; él no está satisfecho con ella porque no puede hacer lo que quiere. Un día el elemento etílico hace su aparición y con un Courvoisier de por medio ella se libera a los placeres de él, quien aprovecha para dar rienda suelta a sus fetichismos prohibidos mientras ella fantasea con otro hombre.


La llave es una novela redonda y completa, que no deja de decir lo que tiene que decir y confronta los intereses sexuales de ella y de él, para dejar una muestra de la polarización de intereses, ideas, imaginaciones, fantasías y conductas de ambos; algo que veremos en Diario de un viejo loco pero desde una sola versión, pues Diario trata de un viejo esteta que se enamora de la mujer de su hijo y que se conforma con besar sus pies y gastar los yenes necesarios para que ella siga dándole licencias sobre su cuerpo, dejando sólo la voz del protagonista y su visión, situándonos en un túnel de un sólo sentido, el del protagonista. 


En ambas novelas hay una constante: la proximidad de la muerte y la libertad que emana de ésta, porque, ¿hay algún otro momento de ser libre social y personalmente si no es cuando no se tiene que perder, cuando se vive tiempo extra, cuando la muerte puede llegar de un momento a otro? Desde Tanizaki, la frontera de la muerte y su inminencia marcan la libertad total: no se puede ser libre si no se está seguro de que esa libertad no tendrá ninguna represalia social, moral, incluso personal. De los tres héroes que presentan las novelas, dos están a punto de morir, mientras que un tercero, la esposa de La llave, es quien sobrevive y quien logra contrastar su vida con la vida de su esposo. 


Ambas novelas son fluidas, interesantes, armónicas y de la extensión necesaria. Nada sobra, no se echa nada de menos y la versatilidad de Tanizaki va llenando las páginas de costumbres, cultura, cambios, emociones humanas, retratos sociales y un análisis nada superficial de la profundidad humana. Un par de obras para el final del verano y el inicio de otoño, para acompañarlas con un scotch o un vodka helado o para leerse mientras termina de llegar el sueño.