Mostrando las entradas con la etiqueta literatura. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta literatura. Mostrar todas las entradas

09 febrero 2022

2666 - Roberto Bolaño




He entrado tres o cuatro veces en 2666. Soy un reincidente. Soy un necio. Esta vez me imaginé escribiendo a Luis: 


“Bolaño nos engañó a todos. 2666 es una novela inacabada. El lector va llenando los espacios. El lector mexicano más, pues está familiarizado con el país, los crímenes…”


En La parte de los crímenes tuve que detener la carta imaginaría. 


¿Cuántos días estuve apresado en las arenas de la literatura de Bolaño? 

¿5? 

¿30? 

¿Meses? 


Soñé con Santa Teresa: desierto insondable lleno de fantasmas, ese otro Páramo, ese otro Pedro; el lenguaje mexicano que está más allá de lo que quiere comunicar, de lo que puede decir en lo cotidiano. 


Soñé con el misterio del crimen. Apresuré la lectura como hace veinte años. Sin descanso mental, sin intermedios: una píldora, una lobotomía automática, una terapia de choques eléctricos en la punta de los dedos, debajo de las uñas. La arena de desierto se aparecía en mis zapatos, en el fondo de mis vasos de vodka.  


En algún momento 2666 se convirtió en un espacio real: Santa Teresa, Sonora, el norte de México, el sabor del desierto y del mezcal Los Suicidas; Archimboldi, La rosa ilimitada, Bifucaria Bifurcata, La cabeza, los pasos del gigante que se cernían como una profética tormenta auto cumplida.  Los espejos donde la política mexicana no se refleja, donde Liz Norton de convierte en Alicia. 


2666: une oasis d'horreur dans un désert d’ennui 


El tiempo se condensa en 2666. El libro que respira por sí mismo, el corazón delator en medio del librero. Descansando desde hace unos veinte años. Una serpiente que se muerde la cola,  un descarnado zoom anatómico; el horror de la muerte, el terror del moribundo.


La búsqueda de la verdad última dentro de la ficción que es la única verdad que prevalece. La muerte que se confunde con el sueño y el sueño que se confunde con la muerte y regresa con la cabeza enmarañada y las manos vacías. 


Quizás, después de esta inmersión, de este embrujo de profético Chocongo o Golden Acapulco o Los Suicidas - o todas juntas, o ninguna - el mundo sigue reconstruyéndose y yéndose al carajo por donde vino: 


Poco después salió del parque y a la mañana siguiente se marchó a México.  

03 febrero 2022

Zen y el arte del mantenimiento de la motocicleta - Robert M. Pirsig



Terminé de leer Zen y arte del mantenimiento de la motocicleta. Me lo prestó mi amigo  Luis hace más de dos años. En un cálculo rápido de todo lo que me recomiendan consumo el 50% o menos de manera inmediata; para lo demás pueden pasar mese o años. Estimo la fecha porque en aquellos momentos no andaba en motocicleta. 


Zen me recuerda la del momento en el que decidí qué estudiar y dónde. Algo que en el fondo tiene que ver con la sensación de ver el mar desde muy alto y sientes el azul profundo, insondable, inabarcable. 


Cuando la gente me pregunta por qué estudié lo que estudié mi respuesta es siempre ensayada. No es que no sea verdad pero la historia que cuento no es la razón sino la narrativa del impulso que me llevó a tomar la decisión. Ahora puedo enunciarlo porque conozco las palabras. No es un tema ético o psicológico. La misma razón que puedo enunciar ahora se asemeja a la razón por la que decidí convencer a Carola de que anduviéramos en moto. 


Zen, su gran virtud tal vez, es tratar de explicar el mundo desde la forma de entender una motocicleta. La forma de conocerlo, enfrentarlo, de pararse frente a él, aproximarse, alejarse, verlo desde detrás de un vidrio. La relación de las personas y las cosas, del funcionamiento, de la manera en que sucede en este momento de la historia, un momento que se ha extendido - desde que iniciaron los motores de combustión interna - y se ha convertido en una caída vertiginosa con el desarrollo de la tecnología. 


La motocicleta está, seguramente habrá otros ejemplos que no me importan ahora, en medio de esa lectura: es una entidad que ha evolucionado manteniendo su forma inicial, un equilibrio de fuerzas que intervienen para desplazarse rápidamente sin dejar de estar encapsulado pero sin ser parte del entorno, una bestia mecánica, una valkiria.  


Una entidad parecida a la razón como herramienta que nos acerca al mundo con inmersiones intermitentes de conciencia que sirven para explicar(nos) su desarrollo y su evolución mediante lo que conocemos, la forma en la que lo comprendemos, lo traducimos y lo comunicamos.  


Recomendé este libro a tres personas. Uno que anda en moto y que tiene una capacidad intelectual que no conoce: un sujeto con la calma necesaria para entender. Y otro que, en el fondo, es igual a mí aunque su camino tenga un lenguaje distinto. Y una tercera de quien espero que conozca analogías y salga del mundo de los ejemplos.


El libro, pensé mientras les enviaba una foto a cada uno, contiene la descripción del punto de encuentro entre la racionalidad funcional y la contemplativa. El tema sobrepasa el libro (que se me antoja mas bien malo) y manifiesta una problemática que ha sido enunciada muchas veces de muchas maneras. La virtud de Zen es poner en discusión una paradoja.


Leer Zen me ha dejado esa nostalgia de los viejos nombres, de los viejos conceptos, de los viejos problemas que uno deja para buenas y pocas charlas. No tenemos pelo grueso, ni garras, ni la agilidad, ni la fuerza de las bestias. Tenemos la razón y la retórica, un martillo de dos cabezas, un viejo sueño que se usa a conveniencia, según el humor, según el momento.  

29 octubre 2021

Abandonarse a la pasión - Hiromi Kawakami



La voz de Hiromi Kawakami surge lejana, susurrante, como desde un pozo. 


Hace frío. Los días comienzan a ser más cortos, el cierzo pasa por debajo de la puerta, se cuela en la ventana del baño. La soledad, traída desde otro momento del tiempo, regresa con sus ojos llenos y sus brazos abiertos y el recuerdo es, de un momento a otro, el presente fugaz y advenedizo que se escapa como un cascabel.


Abandonarse a la pasión es para leerse en otoño. No lo sabía pero la fortuna, que engaña al destino, me lo trajo entre hojas de calabazas y cervezas ámbar. Los días en el otoño se enfrían como las páginas de Kawakami, hasta dejarte con ese prudente dolor de articulaciones en el frío. 


Abandonarse no tiene más de 120 páginas: relatos cortos, concretos, sin sobrantes ni grandes descripciones barrocas, sin sentimentalismos occidentales bañados de un psicoanálisis mariquita ni un exceso de “querer ser diferente” que tienen algunos autores con poca seguridad en ellos mismos. 


Hiromi Kawakami sabe de qué está hablando, ha sentido el frío del desamor y esa breve tibieza de los besos; conoce la estructura de las ciencias (estudió ciencias naturales) y sabe perfectamente cómo atrapar esos sentimientos concretos pero etéreos, mariposas de sensaciones que surgen en campos solitarios; sentimientos que se van anidando hasta que surgen, como el silencio en la música. 


El frío del amor y la fina tibieza de la resignación. Kawakami me recuerda ese sabor a otros otoños, el olor a las mandarinas, los encuentros, los desencuentros, las apariciones fantásticas, increíbles; las lluvias de hojas y los cielos azules y, más en el fondo, la única sensación honesta que se produce al pasar la mano por encima de la cabeza de un perro. 


Kawakami es prudente y agridulce. Abandonarse no tiene pretensiones: una grulla de origami con audífonos en medio de una sala de quimioterapia.  

21 octubre 2021

Confesiones del estafador Félix Krull - Thomas Mann



Estaba tan seguro de que el ser humano, por mucho que insista en la igualdad, posee una profunda sensibilidad para captar que no somos todos iguales porque los hay privilegiados por naturaleza […] 



Me encontré las Confesiones del estafador Félix Krull en una librería Educal mientras trabajaba en Reforma 211. Me llamó la atención el título: un estafador confeso. Pensé en Giacomo Casanova, en Johannes del Diario de un seductor y en el magnífico Diario de un libertino de Rubem Fonseca en contraste con las Confesiones de Agustín de Hipona, un libro que no pienso leer nunca.


Las confesiones se quedaron paseando por líbreros, viajaron a la huasteca potosina, volvieron; estuvieron en el escritorio, en el estudio y en algún otro lugar. Tendrían que pasar 6 años para:


¡Qué magnífico don no será la fantasía, y qué placer logra regalarnos! ¡Qué tontos y desafortunados me parecían los otros niños de nuestra pequeña ciudad, a quienes evidentemente no les había sido concedida esta capacidad y, por lo tanto, no podían participar de las calladas alegrías que me proporcionaba a mí sin esfuerzo alguno, con algo tan fácil como desearlo y decidirlo! Claro, a aquellos muchachos corrientes de pelo duro y manos rojas les hubiera resultado muy difícil, además de ridículo, intentar imaginarse como príncipes.


Las confesiones es un libro reflexivo. Habla sobre la belleza y la suerte, sobre sentirse parte de algo  y sentirse desencajado, incluso rechazado. Son una carrera contra lo cotidiano, lo normal, una lucha constante por formar parte de un mundo que, por nacimiento, le ha sido vedado a Félix Krull pero que, de alguna manera, lo reclama: Félix Krull ha nacido en el lugar equivocado física e intelectualmente está desencajado.   


Las confesiones es un libro que recuerda a la Odisea de Homero: una épica donde el héroe utiliza su inteligencia para escalar socialmente: inteligencia, suerte, disciplina. La triada no funciona si uno de sus elementos no está presente y, a manera de Walter White, Krull siempre se sale con la suya. 


Dicen los que saben, que Las confesiones son una parodia de las novelas de aprendizaje, pero Las confesiones son más: son una declaración de guerra contra lo establecido desde lo establecido mismo, a la manera en la que Fernando Pessoa logra que un anarquista sea banquero sin que una forma de vida excluya la otra. 


Tafa dice que la belleza salva. La belleza es la constante en la vida de Félix Krull, es el motor y la sensibilidad, es lo que busca frente a los aparadores de París, en un traje perfectamente planchado, en una mujer o en una obra de teatro. La búsqueda por la conquista de la belleza, del instante y del descubrimiento son los motores que impulsan a Krull a romper con los valores tradicionales de la sociedad y a convertirse en un estafador, en el sentido más amplio del término, pues también se convierte en un manipulador y en un camaleón. Y aquí quiero señalar que nuestra capacidad de sentir asco es tanto mayor cuanto más vivo es nuestro anhelo, es decir, cuanto más vivo y más profundo sea nuestro apego al mundo y a cuanto éste nos ofrece. Una naturaleza fría que no ama, jamás podrá verse estremecida por el asco tal como yo lo sentí entonces. 


Las confesiones es un libro perfecto para whisky, pie de calabaza y días donde se adelanta el frío. Thomas Mann publicó el libro como una primera parte; la segunda, no llegaría antes de la muerte del autor: Félix Krull termina seduciendo a María Pía en Lisboa, pero nunca logrará llegar a Buenos Aires.

04 octubre 2021

María Antonieta. Diario secreto de una reina - Benjamin Lacombe, Cécile Berly


 

Tengo este libro no sólo por las ilustraciones de Benjamin Lacombe, que son de una belleza extraordinaria; no sólo porque trata de María Antonieta sobre quien mi interés histórico no es tan grande  (Stefan Zweig escribió una biografía que merecería la pena leer) como mi interés estético y libertino sobre la figura de la última reina de Francia.


El diario secreto de una reina narra la historia de María Antonieta a través de un diario ficción intercalado con algunas cartas, que son históricamente reales, enviadas por su madre María Teresa, emperatriz de Austria. 


La historia es breve pero concisa, cumple con la versión histórica - hasta donde wikipedia me ha dejado ver - y cumple con el relato de una mujer que me resulta un misterio en la historia de Francia y un personaje que me recuerda a Ana Karenina, a Madame Bovary y a Ariane de Bella del Señor. 


El libro es de una belleza notable, las páginas, contrario a los que usan, tiene una sensación opaca que hace que los colores y las ilustraciones transformen la experiencia de la lectura. La brevedad de la historia es perfecta ahora que leo las Confesiones del estafador Félix Krull de Mann. 


El diario secreto cambia un poco mi recuerdo de esa otra Maria Antonieta, la de colores pastel, colmillos vampíricos, tono perfecto de piel y que siempre suena a New Order, The Strokes y The Cure.






29 septiembre 2021

El novelista ingenuo y el sentimental - Orhan Pamuk



Orhan Pamuk es Estambul y Estambul es Orhan Pamuk. Como la paradoja del huevo y de la gallina, no se sabe quién fue primero: el lector sentimental -el lector reflexivo- pensaría que Estambul es antes que Pamuk; el lector ingenuo concedería que el Estambul de las novelas de Pamuk es único, suyo. 


La sensación de cruzar el puente Gálata para llegar a la Torre y la sensación de leer Cevdet Bey e hijos es más que suficiente para entender que Estambul es Pamuk y Pamuk, Estambul, un Estambul muy concreto.


El novelista ingenuo y el sentimental es una compilación de 6 conferencias de Orhan Pamuk  en Harvard. Habla sobre teoría de la novela desde la perspectiva del lector y del escritor. El titulo obedece a un texto de Schiller: Sobre poesía ingenua y poesía sentimental


Las disertaciones de Pamuk giran en torno a las novelas que lo han influenciado como lector, ávido de encontrar algo más que una forma de pasar el rato o de perder el tiempo, y como escritor, un constructor de historias. 


En El novelista, Pamuk parte de la premisa de la existencia de al menos dos tipos de novelas: aquellas que tienen un centro y aquellas cuyo centro se expande convirtiéndose en la novela misma y hace, al igual que Roberto Bolaño, una metáfora de la novela como un bosque. Una verdadera clase de literatura para escribir y para leer: “Este libro es un todo integral que comprende los aspectos más importantes que sé y que he aprendido sobre la novela”.


El novelista también es una guía de lectura doble. De las grandes novelas y los grandes novelistas: Tolstoi, Dostoyevski, Mann y Proust. Y de la obra de Orhan Pamuk, al menos de algunas de sus novelas (fue escrito en 2209), y que funciona como una guía través de su literatura (sin spoilers) y sobre todo, como una clase de cómo leer novelas.

25 septiembre 2021

Un desayuno con mi amigo Tafa



Tafa llega en punto de las 8.30 (una licencia literaria). Los últimos años de pandemia nos hemos reunido tres veces en dos Sanborns distintos. La memoria y la costumbre, pero sobre todo, la practicidad de no elegir un lugar con nombre de mujer, en inglés o de ingrediente exótico.


Tafa y yo desayunamos en Sanborns sin complicaciones, honesta y sinceramente. Atrás han quedado las impresiones. Nuestra amistad, su profundidad, su ir y venir, da para lo importante. ¿De qué hablamos Tafa y yo en el desayuno del viernes 24?


Teología de la iglesia griega, de los ortodoxos, Brand New Cherry Flavor, teoría del conocimiento y sus alcances en la percepción de los sensibles y su existencia (es decir, si podemos conocer aquello que no tiene materia común como el viento; es decir si podemos conocer presencias angélicas o demoniacas), de la importancia de la fe y de la creencia en el mismo conocimiento, de la responsabilidad que tenemos en lo que consumimos al formar nuestros palacios mentales. 


Hablamos de la culpa, del castigo, del terror (que puede ser mucho y muy variado), de la vida en pareja, de lo caro que es vivir en la ciudad del México, de lo bueno que puede ser vivir en Mérida, de la camisa hawaiana del Bronco, de la desaparición de las cuatro ruedas de Naím, de la inseguridad, de la tristeza en la partida, de la felicidad que provoca el llegar a un nuevo lugar y hacer una nueva vida y tener un nuevo proyecto, de los descubrimientos a pesar de la edad, de lo feliz que está y de lo feliz que estoy. 


Yde lo que se siente el miedo de volverse loco y perder el sentido de lo real, de aquello que es recuerdo involuntario que asalta de repente una tarde cualquiera, del tango, de la belleza, de los refugios que pueden ser religiosos o no pero que siempre son sagrados, de la compañía y de los amigos y de la familia.


De mi alta intolerancia a los infantes y a las relaciones familiares, del futuro que cada vez está más cerca, de lo que significa compartir con alguien todas las horas del día y no cansarse, de la suerte, del azar, de la fortuna, de la filosofía griega y de las respiraciones de los orientales, de cuántos años creemos que viviremos pero no nos preguntamos si nos seguiríamos viendo a pesar de que ahora se vaya a Monterrey por nadie-sabe-exactamente-cuánto- tiempo y tendamos esta pausa, un poco larga (el tiempo es relativo) en lo que llega el próximo desayuno. 

24 septiembre 2021

Ensayo de un crimen - Rodolfo Usigli



[…]

Se detuvo para tomar aliento.

- Me contó que cuando usted era muy joven, en provincia, le había dicho a su hermana que quería ser un gran santo o un gran criminal. ¿Es cierto?

- Era cierto - dijo él con cierta melancolía. 

- Hubiera sido apasionante - dijo ella. 

[…]



Ensayo de un crimen es una novela negra de 1944 escrita por Rodolfo Usigli, un sujeto que tuvo varias facetas en su vida, fue político, escritor, poeta, precursor de la cultura a través del teatro, autodidacta, embajador de México en Líbano y  Noruega,  incluso director de prensa de la presidencia de la república en 1936, se casó dos veces, se peleo con Luis Buñuel y escribió una novela increíble, la primera en su tipo pero aún vigente.



Ensayo cuenta la historia de Roberto de la Cruz un tipo que se dedica a vivir la vida de manera desinteresada en todos los planos menos en el de la belleza: es un esteta De la Cruz posee una pequeña fortuna heredada de su familia y que está por terminarse. De la Cruz, además, es un tipo con suerte y encuentra en un juego de poker que organiza un viejo conocido suyo la solución a su situación financiera. 


La suerte de Roberto de la Cruz en el juego será una constante durante toda la historia, con esto Usigli resuelve el tema económico para su protagonista y le permite dedicarse a una sola cosa: debatirse entre cometer o no cometer un asesinato gratuito. 


Roberto de la Cruz es un asesino, al menos lo es en su propio imaginario y en sus intenciones; sin embargo no es un asesino común, cercano a las ideas de De Quincy, a Hannibal Lecter, Roberto de la Cruz tiene, en su propio sentido estético la mesura de sus intenciones de asesino y en la misma belleza, encontrará también la salida temporal de sus crímenes. 


Esta idea de belleza está representada en la Señora Cervantes y en su hija (llamada la Nena pero de nombre Carlota como la propia madre de Usigli), quienes comienzan a cobrar importancia en escena a partir de la segunda mitad del libro y en Lavinia  (interpretada por Miroslava Stern en la película Ensayo de un crimen, la vida criminal de Archibaldo de la Cruz, dirigida por Luis Buñuel e inspirada en esta novela), quien aparecerá aún después y evocará la belleza de las mujeres Cervantes. La belleza forma parte imprescindible de la visión de Roberto de la Cruz, transfigurada en las mujeres pero con una fuerte carga en el arte, especialmente en los objetos antiguos. 



Dos fenómenos entonces forman parte de la visión del protagonista: fortuna y belleza. Elementos fundamentales en la narrativa y en la comprensión de la historia. En contraposición, la fealdad de los personajes de Patricia Terrazas y el conde Schwartzemberg; personajes que no sólo son feos por fuera y por dentro, que representan los defectos viles de los seres humanos y el detonante para que el cálculo estético de De la Cruz confirme, casi como un acto bueno, deshacerse de ellos. 


Pero los personajes del Ensayo están tan bien pensados que el ex inspector Herrera, Roldán o el gordo Asuara, en la medida de cada uno, son piezas claves en la historia, aunque su aparición no sea demasiada pero sí pertinente. Las acciones de estos, más Luisito o el mismo señor Cervantes, afectan la historia a la manera del Efecto Mariposa. Las causas, entonces, quedan plasmadas en las páginas, pero no bastan para alcanzar a conocer los efectos en los personajes: todo está perfectamente entrelazado y diseñado como la tela de una araña que se actualiza con la voz de un narrador en tercera persona.    


Ensayo también es una novela que refleja un México distante pero familiar, evocación de cierta nostalgia de lo no vivido (a la manera de las escenas de Bolaño en Los detectives salvajes) y deja un sabor fresco en la boca; un México que se comparte en historias de cantina, un Mexico lejanamente cercano, a la vuelta de la esquina. 


La homosexualidad, la infidelidad, el juego, aparecen en una discusión con categorías actuales, resistiéndose a la moralidad que suponemos de la época y abre al mundo a un México como nación que evoca a viejos países europeos: una nación independiente, democrática, de avanzada, una sociedad que discute en un plano diferente a los juicios inquisidores y llenos de prejuicios de una clase media como aquella de los años setenta en Radicales Libres de Rosa Beltrán.


Los cafés, los bares, la comida, los highballs generan sensaciones al recordar ese andar por las calles de la colonia Roma, de Reforma, del centro de la ciudad; una ciudad que se repite hoy en su idea urbana: caminar en vez de usar auto, pasear por los parques, usar taxis, descubrir bares y cantinas y antros donde la diferencia aparece de noche, para dar paso a ese otro México que duerme de día. 


Ensayo de un crimen es una novela obligada en el género policíaco, en franca competencia con obras como las de Mankell, Lemaitre; para aquellos lectores que equilibran su lectura de las novelas ingenuas y sentimentales (como dice Orhan Pamuk en El novelista ingenuo y el sentimental); para aquellos que buscan encontrar en la forma de narrar historias una respuesta (como Angourie Rice en The Community Library); pero sobre todo, Ensayo de un crimen es una novela que habla sobre la belleza como forma de vida, de muerte; un trascendental, como dice mi amigo Tafa, capaz de redimir: solo la belleza nos salva.

08 septiembre 2021

Sobre los huesos de los muertos - Olga Tokarczuk

 


Siempre me han gustado las novelas negras, especialmente las que vienen de zonas frías como Suecia o Finlandia. Henning Mankell, Pierre Lemaitre, Erik Axl Sund, Roberto Bolaño Charles Bukowski. He leído novelas negras de varias partes, de muchas formas. 


En la cultura de los antihéroes, los detectives se han convertido en figuras importantes para entender lo que pasa con una sociedad en decadencia, donde las autoridades se han coludido con el crimen y todo está lleno de corrupción y podredumbre. Es el móvil de de Bruce Wayne: el tema de la justicia, los límites sociales y los fenómenos criminales abren el telón de una figura importante. 


Se sufre con el detective, de está de su lado a pesar de que rompa, de vez en vez, la ley. Somos permisivos de sus procesos y de sus modos, de sus formas de sacar la información a un sospecho que sabemos culpable. El detective es la única forma de hacer verdadera justicia.


Sobre los huesos de los muertos es una novela que, a pesar de no tener por protagonista un detective, trata sobre la justicia. Una justicia diferente y no escrita, fuera de las normas pero que encuentra sus sentido no sólo a la luz de los hechos que se castigan, sino como resultado de una larga tradición que engloba un tipo de justicia que sólo conocen los que tienen poder dentro del entramado social.  


Después de una larga, pictórica y descriptiva introducción, el libro se torna interesante, una cascada; no lleva, por más que mi madre insista en lo contrario, a un desenlace sorpresivo, sino que es adivinable pero eso no resta para que el libro, de una extensión más que adecuada, sorprenda por su construcción lógica y argumentativa, dejando un buen sabor de boca al final.

03 septiembre 2021

Radicales libres



Radicales libres no es una novela es un manifiesto. Una memoria que rompe el silencia través de un pasado que es ficción porque no está más y que procura justicia a una generación de mujeres que lograron comenzar a hacer un cambio desde cada una  de sus esferas de interés. 


Radicales libres es la fotografía de la generación de mi madre y la extensión a la forma de vida de mi hermana y de ese México costumbrista que no cambia a pesar del tiempo. la diferencia, sin embargo, es radical. La narradora de la novela es testigo y parte de la historia, da cuenta de lo que ve y de lo que vive al tiempo que lo ve y lo vive: una forma de memoria, de pasado, de ficción y una especie de compromiso con la historia, con el presente y con el futuro.


Pero también es una disculpa, una larga disculpa. Y es que esa generación siempre terminan sus frases con una disculpa, innecesaria la mayoría de la veces y poco consciente; una disculpa que muestra su temor frente al mundo: un temor a equivocarse y a ser juzgado. Esto también lleva a una forma de silencio. 


El silencio. Esa generación es una generación silente porque: quien no habla tiene posibilidad de equivocarse. Sin embargo, entienden muy bien sus circunstancias: no marchan, ni gritan, ni buscan los grandes espacios ocupados sino que crean unos nuevos y accionan desde sus esferas, por más sencillas que están parezcan. 


Esa generación comenzó a cambiar la educación de sus hijos y de sus hijas, comenzó a cambiar la idea de cómo tenía que tratarse a la mujer y comenzó a abrirse un lugar dentro de lo social y lo laboral. En esa generación de mujeres están las palabras de Rosario Castellanos, de Clarice Lispector, de Elena Garro. Voces que comenzaron a emerger y a ocupar un espacio por sí mismas, porque no les importaba si eran mujeres, sino si valían la pena, si eran chingonas.   


Ver a través de los ojos de la mujer que narra y quizás entender su entorno y sus tiempos no justifica sus equivocaciones ni le da un mayor peso a sus aciertos. Radicales libres es una ventana: no importa qué hay fuera, hay que asomarse.

12 octubre 2020

Mesa de Poker



Sentados frente a frente 

vivimos de la suerte que se resbala como miel 

vivimos las cartas endiabladas, humeantes:


hicimos trampa

nos enojamos

tiramos las cartas 

y las volvimos a juntar, llorando

esperando que la próxima partida fuera en paz

esperando que el otro doblara las manos

que no mintiera


Jugamos 

barajamos las cartas, las reglas

busqué las migas debajo de la reina

y la salvación en el siete

la riqueza de los diamantes nunca bastó

ni el rey, ni el joto

ni el rojo

ni el negro


Jugamos

jugamos de madrugada, de noche, 

jugamos en el desayuno 

por teléfono

de lejos

desvelados 

hartos

dormidos


Jugamos en el sueño

con amantes

en la aurora


Y cuando estábamos a punto de perder

Nos enseñábamos el juego

como dos niños que se contentan 

como dos amantes libres


Entonces fui yo 

quien decidió terminar 

y en una partida abierta 

en medio de tu juego perfecto 

decidí levantarme de la mesa 

decidí dejar las cartas 

las apuestas 

dejar de jugar contigo


qué sabor el dejarte en la mesa

con el rencor de venganza tragada

lejana

terminada


Jugamos,

ganamos, 

perdimos,

¿un último juego?

esta vez haz trampa, 

mi amor: 


                No voy a perdonarte nada