21 septiembre 2019

Lulu on the bridge



Harvey Keitel tocaba el saxofón. Ella lo escucha desde alguna esquina de  ese otro universo. En 1998, Mira Sorvino tenía 31 años y a mí me parecía preciosa, igual que al resto de la sala. 

Lulu on the Bridge: la única cosa que sabía de Paul Auster. Mira Sorvino, la Poderosa Afrodita de ojos grandes que se persigna cuando la ambulancia apaga la sirena. Mira Sorvino: el sueño de la posibilidad que sueña. 

Han pasado veinte años desde que la ambulancia apagó la sirena. Harvey Keitel ha sido muchos Keitels. Paul Auster ha sido el mismo neoyorquino que vi en la Feria del Libro hablando de no sé bien qué. 

Lulu on the Bridge: la década arrebatada entre frases dogmáticas y hambre de poesía en verso libre. Mala poesía; malos versos; tiempo desperdiciado. La belleza en 1998 fue lo único que nos salvó de esa fiebre dogmática, de esa estacionalidad sin viaje, de ese buscar todo el tiempo sin hallar nada: hambre honesta, hambre sincera, hambre noble. 


Lulu on the Bridge: ¿A propósito de qué? Quizás de Ciudades de Cristal en la mesa de noche. Quizás este sabor agridulce que dejan veinte años. La Poderosa belleza de la Afrodita Sorvino que ve, desde ese otro universo, como la sirena de mi ambulancia se apaga y se persigna en un loop irremediable, embustero, real.