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09 enero 2023

Conexiones Espirituales



Tafa fue el primero de mis amigos en servirme un trago de cognac. Fue en casa de sus papás y empezábamos la carrera. Me había invitado a comer. Era el único no estudiaba derecho, el único que bebía cognac y el único que no bebía Bacardí. Nuestra historia de cognac no es tan extensa como nuestra historia de whisky, por ejemplo, pero ha tenido momentos puntuales, preciosos.


Mi amigo Tafa. Viajero empedernido. Me escribe del otro lado del mundo. En esa otra ciudad de esos otros palacios, de Pamuk, de café y té negro, de tacos y paredes pintadas, de horas de oración. La ciudad fronteriza, la frontera es otro de nuestros sinos, la ciudad que se abre al mar, a la saudade y a la soledad.


¡Estambul, la gloriosa!


¡Estambul, la inabarcable!


La hija pródiga de occidente, la prima rubia de oriente. La otra ciudad que evoca nubarrones tempestuosos y mujeres ataviadas en el tiempo y en las plegarias que se elevan como se elevan en el cerro del Tepeyac.


El viajero de Constantinopla me escribe: wey, nuestra conexión espiritual está muy cabrona. Y yo pienso: wey, es el azar, quizás, el azar y otras circunstancias que hacen que sucedan las cosas y que nuestras consciencias pegan y ya, les dan un significado, un narrativa.


Pero le pregunto por qué. Le pregunto por qué y pienso: en el fondo me gustaría que existieran las conexiones espirituales y esas cosas sobrenaturales que nos hermanan a través del tiempo. Esas historias que le darían un sentido más poético, más romántico, más espiritual a estas burbujas que somos, emergiendo del fondo de una olla hirviendo; burbujas que suben y se deshacen al llegar a la superficie, dejando apenas un breve recuerdo de su paso.

Me dice que se tomó, a santo de nada, un trago de Remy Martin y le contó a su mujer de cuando nos poníamos serios y que después vio que yo, en la Ciudad de los Detectives Salvajes, hacía lo propio con una botella de A. Hardy que mi madre tuvo bien en regalarnos.

Y le conté a Carola, no cuando nos poníamos serios y bebíamos cognac porque yo nunca me he puesto serio con tafa, a lo sumo encabronado, sino que Tafa fue el primero de mis amigos que una vez en su casa me sirvió un trago largo de Courvoisier y quizás luego vino la conexión espiritual y quizás sí nos pusimos un poco serios.