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15 septiembre 2021

La llave / Diario de un viejo loco: dos novelas en forma de diario de Junichiro Tanizaki


Descubrí a Junichiro Tanizaki gracias a mi amigo Johnny Deep quien me regaló El cortador de cañas, una novela corta que habla de ese Japón legendario que parece extinto. Después de El cortador empecé a prestar atención a Tanizaki que se convirtió, junto a Mishima, Kawabata y Murakami, en uno de mis escritores japoneses favoritos.  


Tanizaki tiene este sabor a un Japón de otro siglo, de otra era; quizás sea una de las mejores formas de entender las eras de Japón y sus cambios, que van del país encerrado al mundo al industrializado y que se resiste a dejar entrar a occidente. El Japón de Tanizaki tiene ese sabor de tierra mojada y luciérnagas, pero también a lo nuevo, a transición de kimonos a trajes sastre, como cambia la protagonista de La llave


Ese sabor está en las dos novelas escritas en formas de diarios, de confesionarios personales. La llave, una novela con dos punto de vista diferentes, un esposo y una esposa, sobre cómo tiene que ser el sexo y la vida en pareja después de algunos años. La llave es un texto increíble, a leerse como prevención o como receta; pertinente en cualquier momento.


La llave habla de un matrimonio que está varado. Ella no tiene mayor emoción por su esposo y no soporta tener sexo con él; él no está satisfecho con ella porque no puede hacer lo que quiere. Un día el elemento etílico hace su aparición y con un Courvoisier de por medio ella se libera a los placeres de él, quien aprovecha para dar rienda suelta a sus fetichismos prohibidos mientras ella fantasea con otro hombre.


La llave es una novela redonda y completa, que no deja de decir lo que tiene que decir y confronta los intereses sexuales de ella y de él, para dejar una muestra de la polarización de intereses, ideas, imaginaciones, fantasías y conductas de ambos; algo que veremos en Diario de un viejo loco pero desde una sola versión, pues Diario trata de un viejo esteta que se enamora de la mujer de su hijo y que se conforma con besar sus pies y gastar los yenes necesarios para que ella siga dándole licencias sobre su cuerpo, dejando sólo la voz del protagonista y su visión, situándonos en un túnel de un sólo sentido, el del protagonista. 


En ambas novelas hay una constante: la proximidad de la muerte y la libertad que emana de ésta, porque, ¿hay algún otro momento de ser libre social y personalmente si no es cuando no se tiene que perder, cuando se vive tiempo extra, cuando la muerte puede llegar de un momento a otro? Desde Tanizaki, la frontera de la muerte y su inminencia marcan la libertad total: no se puede ser libre si no se está seguro de que esa libertad no tendrá ninguna represalia social, moral, incluso personal. De los tres héroes que presentan las novelas, dos están a punto de morir, mientras que un tercero, la esposa de La llave, es quien sobrevive y quien logra contrastar su vida con la vida de su esposo. 


Ambas novelas son fluidas, interesantes, armónicas y de la extensión necesaria. Nada sobra, no se echa nada de menos y la versatilidad de Tanizaki va llenando las páginas de costumbres, cultura, cambios, emociones humanas, retratos sociales y un análisis nada superficial de la profundidad humana. Un par de obras para el final del verano y el inicio de otoño, para acompañarlas con un scotch o un vodka helado o para leerse mientras termina de llegar el sueño.  

04 mayo 2020

Soñadores




Los soñadores, una chingadera. 

¡¿Soñar?! 

¡Soñar con qué! 

¿Lo imposible? 
¿Lo innombrable? 
¿Lo optimista? 

Soñar con lo de siempre, 
¿con la felicidad?, 
¿con la posibilidad de la felicidad?, 
¿con alguna cosa, animal, persona o lo que sea que genere felicidad? 

Los soñadores son un cáncer en la punta del chile: 

son los que cambian el mundo a costa suya y de sus mediocridades, 
de sus propias imaginaciones cortas. 

Los soñadores son esos mariquitas,
al otro lado del teléfono, 
a través de la pantalla 

Son los que no saben, 
que no huelen, 
que se esconden tras un cabello relamido. 

Son lambiscones murcielagescos. 

Ciegos 

Niegan el cuerpo
Niegan el sexo

Lo soñadores se duermen con la boca abierta: viejas arañas en lámparas de catedrales.

Soñadores del mundo
Retratos retardados de un Goya manco,
oligofrénico,
babeante.

 Luces artificiales
Luces blancas

Los soñadores son los amorosos del cuento de Sabines 
Los Soñadores son los héroes femeninos de Hugo. 

Los soñadores son los Houllebecqs viviendo en las casas de sus madres, son los jueces que olvidaron la justicia, los abogados vegetarianos, los ideólogos orgánicos. 

Soñar 
Soñar 
Soñar, 
para qué 

Para volver
Para volver y encontrarse con el vacío de este cálido desierto cotidiano aderezado con las noticias de las siete. 

¡Y sueñan!
¡Una musa!
¡No mames! 
¡Una musa! 

Mariquitas de musas imaginarias, inalcanzables.  
Musaraña enredadas en las palabras sin carácter de la poesía nerudiana.

Soñadores 
¡Qué pesadez!
¡Qué pesadez de encierro! 
¡Qué pesadez de buenas intenciones! 
y
¡Qué puto calor hace!