27 agosto 2021

Voraz




El tiempo es intrascendente. 


Sabe que se tiene que hacer pronto: hipnotizar y saltar al cuello en cualquier momento. Cazar, comer; se atraganta de la devoción, de la admiración, de los sueños que le dedican, de las libaciones que le provean. 


Fatal


Mortífera


Capaz de conquistar, en un instante, cualquier territorio sin importar el costo. 


¡Y verla cazar! 


Una delicia término azul. 

La inteligencia, la estrategia, la velocidad; 

la capacidad de transformarse, de esconderse; 

la sorpresa. 


Voraz desde sus ojos delineados y sus pantorrillas capaces de elevarla por encima de mi cabeza.


Y la voz… Ese tono dulzón de su voz suplicante, deseo, inmortalidad y promesas de dioses. 


Vino de verano 

Amazona 


¡Ahí viene! (No alcanzo a verle la cara pero supongo que es genérica)

El rabo entre las patas y los lentes empañados, la cara llena de una vergüenza que nacen el corazón, viaja por generaciones y muestra sus pobres, sus míseras, intenciones llenas de sueños mediocres e imaginaciones pornográficas. 


Y ella pasa de mí y sus ojos brillan, voltea a verme en una carcajada le arranca un trozo de cuello. 

24 agosto 2021

Durmiente



Ella se despierta para ver el sol. El sol entrando por la ventana de su cuarto. Una pieza de 25 metros cuadrados para la cama, los burós y una banquita en la que se sienta a quitarse los zapatos cuando llega de la calle; las paredes claras y un espejo que no engaña a nadie. 


Despierta con la cabeza enredada y los cabellos revueltos. Huele cama y perfume, a suavizante de lavanda y a ese sabor cítrico medio podrido de los limones agrios que se quedan mucho tiempo y de ser verdes, terminan por volverse amarillos. El olor verdadero, el olor del sueño, el olor que la persigue todos los días desde que se acuerda y que algún día se volverá ese otro olor, a fermento, a levadura recién crecida.


Ella busca el sol con los ojos cerrados. No quiere levantarse, levantarse significa volver a firmar un nuevo compromiso con la gravedad, la venta sin ganancias de un pedazo de alma, la entrega de su cuerpo al centro de la tierra (quizás esto nunca lo sepa). No quiere levantarse, ni devorar con el color de sus ojos el color de las paredes de su rutina. 


¿Qué día es hoy? Martes, miércoles. Los hombros recién cansados le dicen que la semana comienza, que aún falta más, más fatigas, más mañanas. Y ella desea ser la imaginación de alguien que decidiera que siga dormida, como la bella durmiente pero sin príncipe; le gustaría ser un fragmento de ficción, quedarse dormida, dejar de existir en medio de quinientos hilos de algodón.


Ella quiere dormir hasta que el mundo se arregle, hasta que el tiempo no sea medible y no tenga que salir a la calle. Quiere detenerse, hacerse rocío de mañana o niebla esparcida por un poco de viento. Quisiera que el sol le diera en la cara y la calentara y la dejara en paz; en paz como el silencio, en paz como quien se queda dormida. 

23 agosto 2021

Strudel v.122.21

 


Desahuciado detrás de una caja de cerveza: pelusas, telarañas, trozos de platos, tazas, polvo fino. 


Anudado a la gravedad 


Fuerza que traduce palabras zumbantes, sueños febriles, sueños de flores y primavera; las primeras caricias del polen esparcido sobre todo, semillas en la atmósfera y el sonido eléctrico de los rayos del sol al estrellarse con el gris de los colores. 


El mundo es un espacio inhóspito, lleno de terror, sin vacíos ni silencios; ruido vertiginoso de las turbinas del pasado que entintan el futuro. Materia concebida en agonía constante, tueste permanente, paso sublime de partículas cuantificadas. 


No habrá memoria para el espacio detrás de la caja de cerveza, 

ni para el espacio debajo del refrigerador; 

tonalidades azuladas llegarán para ser soledad, para abandonar lo abandonado.


¡Un momento!


Ya nadie escucha los suspiros

19 agosto 2021

Gloria


Entonces Tony tiene esta novia que parece hacerlo feliz, está en las mieles, en ese inicio en el que todo es perfectamente pasable; aquello que parece establecer una paz afable pero poco duradera. Fibi diría que es producto de que le “desflemaron el cuaresmeño".  Por supuesto que la figura poética es más que acertada.


Un poco es el sexo, un poco. También hay un poco de esa magia que tiene que ver con el encuentro de algo completamente nuevo y desconocido, como estudiar, leer, encontrar un acorde. La novedad, el descubrimiento es mágico; el descubrir una mujer es indescriptible. No sé si funcione igual con las mujeres cuando encuentran un nuevo hombre. Supongo que será parecido, aunque hablo desde la oscuridad y la despreocupación. 


Y ahí está el gordito. Muy feliz y todo. Con una guillotina que pende de su cabeza porque no hay evento más efímero que la felicidad del encuentro y no hay hoja más afilada que la desestabilización que provoca querer más. 


Querer más


No hay forma, no existe manera alguna de no querer más; de buscar la repetición infinita, la inmortalidad imposible. Gloria Trillo es una sirena y a este Ulises poco le importa Ítaca. Al final, ya conocemos todos los caminos del mundo.

18 agosto 2021

Strudel v.121.21



Volver así como así; como el hijo prodigo; como quien piensa que puede hacerse el gracioso, abrir la puerta y decir: ya llegué. Wakefield. 

¿Qué tiene de malo ser Wakefield? Volver y pensar que nadie más ha cambiado más que uno que sigue siendo el mismo porque no pudo crecer, ni vivir, ni nada. 


Y si pasan diez o veinte o cincuenta años; y si cambian las costumbres y las personas y las personas hacen su vida como hacen las personas que viven y uno llega con la misma cara de Mr. Peanutbutter y dice: hola, aquí estoy, ya llegué, qué onda, cómo estás-


Esto no ha funcionado. Tengo cuatrocientas páginas echadas a perder, una especie de diario de un perdedor, una especie de ficción real que sólo me trae los recuerdos de las buenas palabras de mis amigos que acaso leían lo que escribía y que ahora, ¿volverán a leerme?, ¿volverán a leerse en lo escriba?, ¿volverán a ser mis amigos? 


El mundo cambia pero las fotografías siguen evocando los mismo olores que evocaban y el lengua, quizás, también se va transformando en alguna otra cosa.


Y yo, me vacié. Estos años. No sé. Me vacié. Estuve rumiando los mismos recuerdos una y otra vez, como quien se castiga de a poco, como quien se corta con hojas de papel las yemas de los dedos pero, ya casi nadie usa papel en estos días. Incluso en eso estoy fuera de este tiempo, de este infinito de lugares y de personas que dicen más que yo. 


¿Cartas? ¿Poemas?


No. Escribí algunas investigaciones. Escribí compromisos y ventas. Escribí crónicas que se fueron al bote de la basura digital de mi computadora y unos cuentos en un taller que Carmen inició y terminó sin mayor aviso que el silencio. 


Nada, ni cartas, ni nada. 


Cada intento se convertía en un pozo de necesidades infinitas. Cada letra se convirtió en un ingrediente en la cocina, en algún paso en la calle, en alguna barrida, en algún trago de tequila a media tarde, a medio día. Nunca seré sincero. ¿Para qué? 


No. Escribir, lo que se dice escribir, no. No gracias, no ahora, antes, antes quizás.