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27 abril 2022

Las ciudades invisibles




He estado leyendo Ciudades Invisibles


Lo he leído de a poco, de vez en cuando. Las ciudades recorren mi memoria, mi imaginación, ambas mezcladas, confusas. 


Las Ciudades es un libro para leer con calma y tiempo. 


Como en medio de estos días soleados que terminan en un concierto de truenos y relámpagos, como si el mundo se reconfigurara de nuevo, como si algo se sacudiera allá arriba lo suficientemente lejos para no saber qué es pero sí para saber que existe.


Tormentas 

Tormentas eléctricas

Tormentas con agua y viento

Tormentas con trozos de hielo y luces en el cielo


Y he leído 


Refugiado en este libro, en otros libros; un desvío afortunado de lo que parece ser un destino deshilachado y aparentemente estable. 


No como Sión de Bolaño

No como las novelas de Bukowski (pero sí como sus poemas)

No como lo inesperado en la mente de un cocinero


La vida me pasa tranquila

mientras


Intento llenar el tiempo con acciones; 

acciones que me gustan, 

                                        acciones nobles, 

                                            superiores,

                                                    ¿dignas? 


Bien podría pasarme los días en otra manifestación de la esperanza, de la espera. 


Crear NFT’s en lugar de ponerme los guantes y deshacerme las manos pegándole a gigantes de viento, aprender algún oficio y tener trabajo estable para pagar las cuentas; 

  alienarse calladamente,


usar artefactos sofisticados mientras Elon Musk compra lugares inexistentes con millones de posibilidades: las ciudades invisibles. 


12 enero 2022

Landscapers: por lo que vale la pena matar, vale la pena morir

Lanscapers, HBO


A medidos de los 90, un comercial sobre Ricardo III: 


Imágenes granuladas de una película o una película documental


Voz en off 

Por lo que vale la pena matar, vale la pena morir. 


Fue una de las primeras frases que apunté en una libreta de citas. No sabía realmente qué significaba. 


Fui un niño otoñal, ridículo, poco práctico, poco cerebral, poco racional. Me aprendí la frase por repetirla, por reescribirla; me acompañó muchos años en las ideas sobre el amor, sobre la libertad. Y no supe, hasta muchos años después, que la frase no hablaba de amor ni de libertad, sino de honor y compromiso. Mal día descubrir que quizás no fuera de Ricardo III sino producto de alguna mala traducción pseudo poética. 


Luego de ver Landscapers pensé la frase, la amoldé, la cambié:  


Por lo que vale la pena vivir, vale la pena morir. 


Y al revés: 


Por lo que vale la pena morir, vale la pena vivir.


Un amor como el de Landscapers es el único que vale la pena vivir, por el que vale la pena morir y/o matar; es la única expresión del amor, del entender al otro, de compartir con el otro y que el otro sepa y entienda y acepte. 


Que sepa que los silencios son solo silencios y que la confianza es un punto de partida que no se construye sino que está o no está, se tiene o no se tiene. 


Una persona que acepte que el mundo es demasiado poco a veces, que la vida tiene muchas dimensiones para ser vivida y muchos huecos que abren nuevos mundos.  


La tragedia, le verdadera tragedia de Landscapers consiste en no encontrar a nadie por la que valga la pena matar y morir y vivir; por la que valga la pena comer y caminar. 


La tragedia es conformarse con las sobras que deja el paso del tiempo, con la compañía que ahuyenta la soledad y espanta los fantasmas del fin. 


La tragedia es terminar la vida exigiendo el final feliz de la película mediocre, el amor imposible, inexistente; el amor que no es amor sino una escoba al revés, un envase medio lleno, medio vacío, una formato para entregar a la salida. 

04 septiembre 2021

José



Conocí a José en la universidad, enseñaba latín. A mí el latín me importaba - y me importa - una chingada. Cumplía con lo que pedía porque sabía que en las pruebas quedaría como un idiota y nos hacia aprender textos breves en latín, a la fecha no recuerdo uno sólo, pero aprenderse el texto, después lo supe, no era tanto para aprender latín sino para todo lo demás.


Nos hicimos amigos pronto: José tenía esta forma de selección que partía de la capacidad mental. En la universidad no había muchas personas capaces, sólo gente con memoria y ganas de ser inteligentes. Así que conocer a José significó abrir la posibilidad de aprender más que una puta lengua muerta.


José enseñaba poesía, retórica, narrativa; era capaz de sintetizar textos, de abstraer conceptos, de viajar del presente al pasado y unir lo mejor. José me enseñó que la poesía expresada en verso libre está bien para los que empiezan pero no para los poetas: era una especie de Juan García Madero.  


Cuando se terminaron las clases de latín, le dijimos a José que abriera un seminario de Homero y Platón. Mi amigo Alfredo Cervera fue de los pocos que entendieron el seminario, fue de los pocos que quisieron entender ese otro mundo ya pasado pero vigente, occidental y en vías de su propia caducidad, pero, ¿cómo entender que un discurso es caduco si no se conoce primero? José nos enseñó la caducidad del pensamiento occidental a través de la resurrección de una lengua muerta. El aprendizaje sin memoria es una pérdida de tiempo, la vida sin memoria es devenir irracional interminable.


Años después encontré a José en fb. Era un rebelde de los sistemas políticos, del establishment. Crítico del gobierno, lector de la Jornada, la resistence desde su muro, compartiendo artículos, haciendo ruido y siempre diciéndome que escribiera, que era la única forma de aprender a escribir. Y a mí, que en aquel momento era como el amante de Bolsano,  me hacía muy feliz que José me leyera y se divirtiera con lo que escribía y me hiciera anotaciones porque… José había leído quizás a los mejores de la antigüedad y en ese palacio mental increíblemente prodigioso, había un espacio para mis chingaderas.  


José me acompañó el día que me casé y el día que ya no estuve casado; estuvo el día en que empecé mi oficina y el día que comencé a trabajar como burócrata y en esos correos electrónicos que usaba como mensajes de texto para quedar la hora en la que desayunaríamos en Los Canarios y hablaríamos de lo real: de la familia, de la vida cotidiana, de las lecturas, del cine y la música y lo que surgiera. 


¿La última clase con José? Mi amigo Tafa buscaba un maestro para un grupo de amigos, un experto en clásicos griegos y entre la academia y las clases a Zaid, José se tomaba un par de noches al mes y con una copa de vino y una pizzas hablaba de héroes, filósofos, occidente y su vejez, Bloom, escultura, tragedias, comedias, adaptaciones, historia y todo lo que la musa le pusiera en la cabeza: más de veinte siglos de conocimiento entre peperonis y vino mediano.  


Por José conocí a Irene Papas, supe que la poesía no se lee en voz baja y que es mejor saber escribir con técnica que con las tripas, pero que las tripas son una firma única y sólo con firmas únicas nos reconocemos como nosotros: irrepetibles, únicos, efímeros. 


Y ahora no lo encontraré nunca más paseando sobre Insurgentes con su mujer y sus hijos. No volveré a escuchar su tono de voz más parecido a esa otra especie en peligro de extinción que son los taxistas que a un doctor pedante de pocas letras. No lo encontraré en sus escritos porque no pienso leer sus investigaciones sobre Jámblico. Lo hallaré en la poesía de Rubén Bonifaz Nuño, en la traducción de Tapia de la Ilíada, en la boca de cualquier hombre o mujer que conoce más de este amor que se siente en un abrazo que en fantasías celestiales. 


José se fue a otra parte, espero que haya llegado a donde quería, a donde creía.

23 agosto 2021

Strudel v.122.21

 


Desahuciado detrás de una caja de cerveza: pelusas, telarañas, trozos de platos, tazas, polvo fino. 


Anudado a la gravedad 


Fuerza que traduce palabras zumbantes, sueños febriles, sueños de flores y primavera; las primeras caricias del polen esparcido sobre todo, semillas en la atmósfera y el sonido eléctrico de los rayos del sol al estrellarse con el gris de los colores. 


El mundo es un espacio inhóspito, lleno de terror, sin vacíos ni silencios; ruido vertiginoso de las turbinas del pasado que entintan el futuro. Materia concebida en agonía constante, tueste permanente, paso sublime de partículas cuantificadas. 


No habrá memoria para el espacio detrás de la caja de cerveza, 

ni para el espacio debajo del refrigerador; 

tonalidades azuladas llegarán para ser soledad, para abandonar lo abandonado.


¡Un momento!


Ya nadie escucha los suspiros

12 octubre 2020

Mesa de Poker



Sentados frente a frente 

vivimos de la suerte que se resbala como miel 

vivimos las cartas endiabladas, humeantes:


hicimos trampa

nos enojamos

tiramos las cartas 

y las volvimos a juntar, llorando

esperando que la próxima partida fuera en paz

esperando que el otro doblara las manos

que no mintiera


Jugamos 

barajamos las cartas, las reglas

busqué las migas debajo de la reina

y la salvación en el siete

la riqueza de los diamantes nunca bastó

ni el rey, ni el joto

ni el rojo

ni el negro


Jugamos

jugamos de madrugada, de noche, 

jugamos en el desayuno 

por teléfono

de lejos

desvelados 

hartos

dormidos


Jugamos en el sueño

con amantes

en la aurora


Y cuando estábamos a punto de perder

Nos enseñábamos el juego

como dos niños que se contentan 

como dos amantes libres


Entonces fui yo 

quien decidió terminar 

y en una partida abierta 

en medio de tu juego perfecto 

decidí levantarme de la mesa 

decidí dejar las cartas 

las apuestas 

dejar de jugar contigo


qué sabor el dejarte en la mesa

con el rencor de venganza tragada

lejana

terminada


Jugamos,

ganamos, 

perdimos,

¿un último juego?

esta vez haz trampa, 

mi amor: 


                No voy a perdonarte nada