fragmento de fuego, los 120 días de Sodoma de Buñuel, el deseo, ese extraño objeto del deseo, el anonimato, el sueño, los excesos, exceso de sexo, de alcohol, de conciencia, remordimientos, luces, muchas luces, sombras, oscuridad, destellos eléctricos, azul y rojo, amarillo, fragmentos de memorias visuales, fragmentos de memorias sonoras, sudor, aparatosidad, movimiento, días de sol, delirios desérticos, historias, narrativas sin sentido, película, film, materiales, muchos materiales, belle de jour, bête de jour, falta de olor, composición imaginada de perfumes, la posibilidad de saber el olor, la mentira del olor, víboras, presas fáciles, juego, el engaño de la victoria, prisa, imaginaciones, terror, desesperación, lo deforme, el peligro, la mentira, degradación de color, miedo, espacios ocupados, batería, aire, trompeta, sacrificio, sonido, sonido revolucionado, sonido negro, suicidio, hipocresía, la clase alta, babilonia, el persistente deseo de una cabellera amarilla, el deseo del engaño, la construcción del deseo del engaño, las metáforas, la belleza, la destrucción de la belleza, las piernas más largas del mundo, unas piernas infinitas, dios, unas piernas bukowskianas, extraordinarias, efímeras, el fin, el final, la mediocridad, la vida tranquila, discursos, letargo, magia falsificada, dinero, escape, salvación, condena, silencio
30 enero 2023
04 septiembre 2021
José
Conocí a José en la universidad, enseñaba latín. A mí el latín me importaba - y me importa - una chingada. Cumplía con lo que pedía porque sabía que en las pruebas quedaría como un idiota y nos hacia aprender textos breves en latín, a la fecha no recuerdo uno sólo, pero aprenderse el texto, después lo supe, no era tanto para aprender latín sino para todo lo demás.
Nos hicimos amigos pronto: José tenía esta forma de selección que partía de la capacidad mental. En la universidad no había muchas personas capaces, sólo gente con memoria y ganas de ser inteligentes. Así que conocer a José significó abrir la posibilidad de aprender más que una puta lengua muerta.
José enseñaba poesía, retórica, narrativa; era capaz de sintetizar textos, de abstraer conceptos, de viajar del presente al pasado y unir lo mejor. José me enseñó que la poesía expresada en verso libre está bien para los que empiezan pero no para los poetas: era una especie de Juan García Madero.
Cuando se terminaron las clases de latín, le dijimos a José que abriera un seminario de Homero y Platón. Mi amigo Alfredo Cervera fue de los pocos que entendieron el seminario, fue de los pocos que quisieron entender ese otro mundo ya pasado pero vigente, occidental y en vías de su propia caducidad, pero, ¿cómo entender que un discurso es caduco si no se conoce primero? José nos enseñó la caducidad del pensamiento occidental a través de la resurrección de una lengua muerta. El aprendizaje sin memoria es una pérdida de tiempo, la vida sin memoria es devenir irracional interminable.
Años después encontré a José en fb. Era un rebelde de los sistemas políticos, del establishment. Crítico del gobierno, lector de la Jornada, la resistence desde su muro, compartiendo artículos, haciendo ruido y siempre diciéndome que escribiera, que era la única forma de aprender a escribir. Y a mí, que en aquel momento era como el amante de Bolsano, me hacía muy feliz que José me leyera y se divirtiera con lo que escribía y me hiciera anotaciones porque… José había leído quizás a los mejores de la antigüedad y en ese palacio mental increíblemente prodigioso, había un espacio para mis chingaderas.
José me acompañó el día que me casé y el día que ya no estuve casado; estuvo el día en que empecé mi oficina y el día que comencé a trabajar como burócrata y en esos correos electrónicos que usaba como mensajes de texto para quedar la hora en la que desayunaríamos en Los Canarios y hablaríamos de lo real: de la familia, de la vida cotidiana, de las lecturas, del cine y la música y lo que surgiera.
¿La última clase con José? Mi amigo Tafa buscaba un maestro para un grupo de amigos, un experto en clásicos griegos y entre la academia y las clases a Zaid, José se tomaba un par de noches al mes y con una copa de vino y una pizzas hablaba de héroes, filósofos, occidente y su vejez, Bloom, escultura, tragedias, comedias, adaptaciones, historia y todo lo que la musa le pusiera en la cabeza: más de veinte siglos de conocimiento entre peperonis y vino mediano.
Por José conocí a Irene Papas, supe que la poesía no se lee en voz baja y que es mejor saber escribir con técnica que con las tripas, pero que las tripas son una firma única y sólo con firmas únicas nos reconocemos como nosotros: irrepetibles, únicos, efímeros.
Y ahora no lo encontraré nunca más paseando sobre Insurgentes con su mujer y sus hijos. No volveré a escuchar su tono de voz más parecido a esa otra especie en peligro de extinción que son los taxistas que a un doctor pedante de pocas letras. No lo encontraré en sus escritos porque no pienso leer sus investigaciones sobre Jámblico. Lo hallaré en la poesía de Rubén Bonifaz Nuño, en la traducción de Tapia de la Ilíada, en la boca de cualquier hombre o mujer que conoce más de este amor que se siente en un abrazo que en fantasías celestiales.
José se fue a otra parte, espero que haya llegado a donde quería, a donde creía.
23 noviembre 2020
Os-carrito
Me llamo Oscar
Estoy desesperado
Vivo al día
Viajo en metro
Ni siquiera gasto en Starbucks como mis compañeros;
ni un cafecito.
No sé por dónde empezar…
Quizás, bueno,
pues,
desde la facultad,
desde la facultad me gustaba la izquierda… No quiero decir que me haya equivocado pero, bueno, nunca pensé que…
Esta es una confesión: nunca veré crecer a mi hijos. Vi en una película que este es el protocolo, que se tiene dejar alguna referencia para que sepan. La película trataba de unas muchachas supuestamente vírgenes, siempre me gustó Kirsten Dunst...
Me gustan las películas.
Especialmente las de auto superación,
como esa de Will Smith y su hijo que viven en la calle hasta que les va bien.
Me gusta el final.
Creo que por mérito propio la gente puede llegar lejos; con esfuerzo y con ganas, decía mi madre. Ahora veo que es más difícil que esfuerzo y ganas.
Mi papá siempre me dijo que buscara un trabajo donde me dieran una plaza; donde fuera, pero que si era en el gobierno, mejor y si era sindicalizada: pues aún mejor, aunque le tuviera que poner una lana, pero que así te aseguras el futuro, así puedes tener una familia y una casa y tus hijos pueden ir a una buena escuela.
Compré la idea.
Luego conocí a Janice en la facultad. Janice pensaba que el mercado es el mercado y que si el país es capitalista pues a ser capitalista. Janice fue mi novia desde segundo semestre y cuando terminamos la carrera nos casamos.
Por Janice busqué trabajo en una consultora internacional pero me batearon por ser de la UNAM y porque no sabía inglés; luego encontré varias chambas aquí y allá. Como Janice sí sabía ingles, empezó a trabajar en un despacho y comenzó a hacer su carrera. Al principio yo creí que era por su físico - porque lo que sea de cada quien siempre tuvo un bonito cuerpo -, hasta que en un brindis navideño conocí a su jefe y me agarró una nalga: nunca le dije a nadie, me pareció moralmente reprobable.
Cuando encargamos a Oscarito comencé a necesitar más lana; le busqué entonces con mi padrino Arturo, que trabajada de director en una paraestatal y pues al final sí me ayudó: me dió una tarjeta de la Licenciada Gabriela Espinoza, una amiga suya que parecía travesti y que me consiguió una chamba en la Secretearía de Economía: "Nada más porque eres el ahijado de Arturo, si no te caías con el 30% de tus dos primeros sueldos, jajajaja; no, no te creas Oscarito, es broma, es broma, pero a ver cuando te pones guapo y me invitas a comer". La Licenciada Espinoza me agarró la misma nalga que el jefe de Janice.
Mi trabajo empezaba a las nueve; la hacía de analista del licenciado Diego Gaitán: "¡Pero a mí me gusta que me digan Castor!" Era amigo de la licenciada Espinoza y se la pasaba fuera de la oficina todo el día, llegaba como a las nueve de la noche todo borracho disque a revisar el trabajo: "A ver Os-carrito, jajaja, traete los pendientes". Apenas entraba en su oficina: "… y había unas nalguitas, ¡uy!, ¡te mueres, Os-carrito!, jajajaja, ¡de pipirrín!, jajajaja". Ya como a las once me decía: "No, pues ya es hora, mañana nos vemos, mi Oscar".
Así seguí hasta que nació Raulito, que desafortunadamente vino medio malito porque nada más tenía una orejita. El trabajo fue difícil siempre: hacía lo de cinco personas más el jefe.
En la votación de 2018 yo voté por Colmena: "¡ahora sí!", pensaba, "todo irá mejor, reconocerán mi esfuerzo, México va a cambiar, voy a ganar más porque van a ver cómo me esfuerzo, en una de esas hasta ocupo el ligar del Lic. Gaitán".
Pero no me fue mejor.
Cuando se vino el cambio de gobierno mi jefe comenzó a presumirme que conocía a unos altos mandos de Colmena y que íbamos a conservar la chamba y que hasta nos iría bien. Y sí, sí los conocía y sí, sí le fue bien a él, porque le encargaron una investigación sobre los Fideicomisos que terminé haciendo yo por el mismo jodido sueldo que traía.
El trabajo se puso más carbón. Mi jefe me pidió que le buscara unas cosas, bueno, a unas muchachas que para un alto mando y que las íbamos a llevar a un lugar en Cuernavaca. Yo le dije que no me latía y me hice medio tonto. Después de dos días me dijo que si no, pues le dejara el espacio a alguien que sí creyera en al quinta transformación, y yo le dije que yo sí creía y el me dijo: "entonces, Os-carrito, ¡chínguele!, jajajaja", y dándome un disco duro me dijo: "es más, confío tanto en ti, Os-carrito, que te voy a dar chance de que escojas cinco, ya te hice la chamba, jajajaja; baja esta carpeta en tu computadora y me traes mi disco, ¡andale, cabrón!,¡qué me ves!, ¿que no te quieres ir?, ¡ya son las once! ¡Muévelas!"
Y fueron muchas fiestas y muchas carpetas.
Al principio las borraba, luego, pues ya, de repente las abría una que otra vez. Las chicas estaban muy guapas. Así pasaron casi dos años hasta que ayer me enfermé de la panza y le llamé al Lic. Gaitán: "¡Os-carrito!, ¡cómo que no vienes! ¡Namás porque es viernes, verdad cabron! ¡Ay sí! ¡Ay sí! Tengo diarrea, buuu buuu, el bebé quiere que le cambien el pañalito, buuu ¡Pues andale! ¡Tomatelo!, ¡pero a cuenta de vacaciones, cabrón!, ¡aquí nada de huevones!"
Ya en la tarde, después de unos tés de manzanilla le dije a Janice que me sentía mejor: "Ya viste, me contestó, qué mal que no fuiste a trabajar hoy porque les van a quitar sus computadoras en la Secretaría y con tu suerte, seguro te toca".
Entonces vi la noticia y ¡seguro me toca! y la carpeta y …
¿Bueno?
Hola, Adrianita, oye…
...
Sí, qué mal…
...
Oye, ¿sí me llegó el oficio?
…
¡Sí!, ¿en mi escritorio?
…
Y mi computadora, ¡no mames!, ¿¡ya se las llevaron!?
...
¡No!
...
Es que estoy enfermo.
...
¡¿Qué?!
...
¿Van a revisar los archivos?
...
Es que tenía unos documentos del Licenciado…
...
¡¿Lo corrieron porque le encontraron una red de prostitución y están buscando cómplices?!
...
Me llamo Oscar
Estoy desesperado
Vivo al día
Viajo en metro
dicen que el metro es lo más fácil,
lo más rápido
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Otro vaso de Strega mientras la lluvia parpadea entre líneas. Mantequilla ha metido la cabeza a la copa de cristal y se ha llevado p...
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Despertar, caminar en la playa, sentarse a tomar un café y compartir un rol de canela. Leer y escribir. Hablar con uno de los mejores amig...
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fragmento de fuego, los 120 días de Sodoma de Buñuel, el deseo, ese extraño objeto del deseo, el anonimato, el sueño, los excesos, exceso de...
