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28 septiembre 2021

una violenta apología de la filosofía




¿Qué puedo hacer con este remolino

de imbéciles de buena voluntad?

¿Qué puedo con inteligentes podridos

y con dulces niñas que no quieren hombres sino poesía?

Jaime Sabines


Un filósofo enojado es como Harry Potter enojado pero sin poderes y sin magia: otro teto de lentes redondos. Es un sujeto que hace berrinche desde un lugar lejano parecido a Narnia pero más aburrido, porque para ser filósofo es necesarios evadirse a través de textos incomprensibles y de formalidades que succionan más que un becerro en un invierno ruso.


El filósofo es el feo de la fiesta, el inseguro; busca su seguridad en aquello inalcanzable e incomunicable: entre más complejo y difícil el conocimiento, más filosófico; entre más etéreo e inalcanzable, mejor. Y es insoportable: cree que lo sabe todo como los amorosos de Sabines y nunca deja de ser un adolescente sabiondo y apestoso que se ríe de alguna broma idiota y que fornica es una sola posición. 


Ser filósofo es ser el relegado, cree que por pronunciar palabras incomprensibles e ideas abstractas vive en un lugar glorioso; querido amigo: lo cierto es que no, lo cierto es que eres habitas un lugar impregnado de ti mismo, maloliente, encerrado. La idea del filósofo en México, en círculos concretos, es que son los que andan en “la lucha”, son la izquierda, son los que fuman mota para alcanzar sus ideas y son paristas, vagabundos. 


Entonces, ¿por qué estudie filosofía si no me gusta el apeste de la mota ni la izquierda ni los discursos mamadores de gargantas inconmensurablemente profundas? ¿Para qué estudiar una carrera que me dejaría un estigma de lo que menos reconozco y aprecio en la vida? ¿Por qué estudiar filosofía si no quería ser profe, ni pobre, ni académico, ni doctor, ni maestro, ni rector, ni investigador? 




Estudié filosofía porque si no hubiera tenido que estudiar unas diez carreras repartidas en las diferentes áreas del conocimiento; porque quería saber de todo, porque leer a aquellos que han tratado de descifrar el mundo no formaba parte de lo que se podía aprender en derecho ni en la psicología ni en el cine ni en las comunicaciones, porque tampoco lo ofrecían las relaciones internacionales ni la ciencia política, por más que quiera y le eche ganas, porque nunca creí que la economía se pudiera reducir a modelos matemáticos sino que es un organismo vivo que forma parte de la práctica social. 


Y luego me di cuenta de que estudie filosofía para sentarme en la misma mesa que abogados, ingenieros, médicos, pintores, jueces, embajadores y cónsules, historiadores, comunicólogos, administradores, contadores, modistas, secretarios de estado, curadores de arte, procuradores de justicia, agentes de policía, militares, marinos, músicos, psicólogos, internacionalistas, consultores de todas las materias, economistas, matemáticos, financieros, articulista, periodistas, empresarios, escultores, sindicalistas, gobernadores, síndicos, diputados, senadores y tener algo que aportar en proyectos conjuntos, en realidades concretas, pero sobretodo, para hablar en sus términos y en su lenguaje; porque siempre entendí que tenía la responsabilidad de conocer sus términos y no que ellos conocieran los míos. 


La filosofía no sirve a la manera de la medicina o de la contaduría; no funciona para hablar de desarrollos odontológicos o de estructuras mecánicas. La filosofía que me ensañaron sirve para leer y estudiar y volver a leer y volver a estudiar; sirve para vivir en un mundo donde el pensamiento tiene su valor en lo incomprensible, para vivir con el reconocimiento de una academia que sobrevive de las secuelas de la película de Gerard Damiano. 


Hoy la filosofía no sirve y no aporta y los únicos culpables son los filósofos, porque generan pensamientos inaccesibles e intrascendentes, porque no llevan las ideas a la calle, ni a otras materias; porque no abren la filosofía a otras disciplinas y piensan que siguen teniendo la verdad entre sus manos mientras lloran diciendo: “¡ah!, ¡deja mi verdad!, ¡no la veas!, ¡no la toques!” y abrazan un mojón de idioteces que termina por ser lodo y tierra estéril. 


La idea que tenemos del filósofo es una idea heredada que no hemos querido cambiar, que no ha encontrado voluntades suficientes desde la filosofía misma para convertirse en un conocimiento que importe, abone, discuta con la cultura, con las redes sociales, con la música, con otras ciencias, que busque consenso, que sea líder. El filósofo es un vendedor de espejos, el único culpable su destino, es la chica gorda y resentida de la fiesta, el tiradero sobrepasado, un lugar que cada día se vuelve prescindible en este siglo y en los que vienen.  

22 septiembre 2021

Cuatro películas para un fin de semana largo: Kate, Tenemos que hablar de Kevin, Monster, Appaloosa

 


Kate

Mary Elizabeth Winstead, una mujer que fue el crush de varios cuando hizo de Ramona Flowers en Scott Pilgrim, de otros tantos al salir de porrista en Death Proof y que terminó por cerrar esa pinza con 10 Cloverfield Lane y Birds of Prey.  Kate es un película sencilla con un guión bastante digeribles y buenos efectos visuales; un poco con el sabor de Mr. Nobody. 


La trama en Tokio y la aparición de Woody Harrelson le dan un toque especial; una película que no exige demasiado, con un soundtrack y fotografía buenos y secuencias interesantes. 






Tenemos que hablar de Kevin

La historia es genial pareciera predecible, pero el final tiene un detalle inesperado. La fotografía y las secuencias son muy agradables a la vista, la edición está especialmente cuidada y la actuación de Toda Swinton es sumamente buena, lo mismo que la actuación de Kevin pequeño y adolescente. Las transiciones, concuerdo con Carola, son exactas y no violentan en nada la narrativa de la historia, parecen teatrales.


No tenía demasiadas esperanzas al ver el trailer: cuenta poco y qué bueno. En una entrevista, Rosa Beltrán hablaba sobre Lionel Shriver, este libro y esta película. La narrativa de la historia desde la perspectiva de la madre y los temas en conflicto la hacen redonda, genial. 






Monster 

La actuación  Charlize Theron es genial. La historia no es aburrida y sin ser especialmente increíble no demerita la película. La realización pareciera de un presupuesto modesto, la música no ocupa un lugar destacado y Christina Ricci -la última vez que la vi fue en Lizzie Borden -una miniserie con más gloria que pena- lo hace bien, especialmente al inicio de la película. Monster es una película obligada.





Appaloosa

Después de perder a su Sheriff, el pueblo de Appalosa decide contratar a Virgil Cole para que ponga orden, la solución es sencilla: a partir de la firma de un contrato, la ley pasa a manos de Virgil Cole, se respeta la ley y la ley es lo que determine Virgil Cole. Ed Harris y Viggo Mortensen en un buen Western aderezado por Renée Zellweger y antagonizado por Jeremy Irons. Un guión sencillo y tradicional, una narrativa bastante agradable y buenas actuaciones.  


No pude dejar de imaginar al Ed Harris de Westworld y el peinado de Viggo Mortensen me recordó a mi amigo Jacobito. Un Western del que se rescata la idea de la ley procurada y salvaguardada por un sobre ético y de principios que no deja de ser una especie de mercenario, un pistolero, pero que hace las cosas respetando la ley.