29 septiembre 2021

El novelista ingenuo y el sentimental - Orhan Pamuk



Orhan Pamuk es Estambul y Estambul es Orhan Pamuk. Como la paradoja del huevo y de la gallina, no se sabe quién fue primero: el lector sentimental -el lector reflexivo- pensaría que Estambul es antes que Pamuk; el lector ingenuo concedería que el Estambul de las novelas de Pamuk es único, suyo. 


La sensación de cruzar el puente Gálata para llegar a la Torre y la sensación de leer Cevdet Bey e hijos es más que suficiente para entender que Estambul es Pamuk y Pamuk, Estambul, un Estambul muy concreto.


El novelista ingenuo y el sentimental es una compilación de 6 conferencias de Orhan Pamuk  en Harvard. Habla sobre teoría de la novela desde la perspectiva del lector y del escritor. El titulo obedece a un texto de Schiller: Sobre poesía ingenua y poesía sentimental


Las disertaciones de Pamuk giran en torno a las novelas que lo han influenciado como lector, ávido de encontrar algo más que una forma de pasar el rato o de perder el tiempo, y como escritor, un constructor de historias. 


En El novelista, Pamuk parte de la premisa de la existencia de al menos dos tipos de novelas: aquellas que tienen un centro y aquellas cuyo centro se expande convirtiéndose en la novela misma y hace, al igual que Roberto Bolaño, una metáfora de la novela como un bosque. Una verdadera clase de literatura para escribir y para leer: “Este libro es un todo integral que comprende los aspectos más importantes que sé y que he aprendido sobre la novela”.


El novelista también es una guía de lectura doble. De las grandes novelas y los grandes novelistas: Tolstoi, Dostoyevski, Mann y Proust. Y de la obra de Orhan Pamuk, al menos de algunas de sus novelas (fue escrito en 2209), y que funciona como una guía través de su literatura (sin spoilers) y sobre todo, como una clase de cómo leer novelas.

28 septiembre 2021

una violenta apología de la filosofía




¿Qué puedo hacer con este remolino

de imbéciles de buena voluntad?

¿Qué puedo con inteligentes podridos

y con dulces niñas que no quieren hombres sino poesía?

Jaime Sabines


Un filósofo enojado es como Harry Potter enojado pero sin poderes y sin magia: otro teto de lentes redondos. Es un sujeto que hace berrinche desde un lugar lejano parecido a Narnia pero más aburrido, porque para ser filósofo es necesarios evadirse a través de textos incomprensibles y de formalidades que succionan más que un becerro en un invierno ruso.


El filósofo es el feo de la fiesta, el inseguro; busca su seguridad en aquello inalcanzable e incomunicable: entre más complejo y difícil el conocimiento, más filosófico; entre más etéreo e inalcanzable, mejor. Y es insoportable: cree que lo sabe todo como los amorosos de Sabines y nunca deja de ser un adolescente sabiondo y apestoso que se ríe de alguna broma idiota y que fornica es una sola posición. 


Ser filósofo es ser el relegado, cree que por pronunciar palabras incomprensibles e ideas abstractas vive en un lugar glorioso; querido amigo: lo cierto es que no, lo cierto es que eres habitas un lugar impregnado de ti mismo, maloliente, encerrado. La idea del filósofo en México, en círculos concretos, es que son los que andan en “la lucha”, son la izquierda, son los que fuman mota para alcanzar sus ideas y son paristas, vagabundos. 


Entonces, ¿por qué estudie filosofía si no me gusta el apeste de la mota ni la izquierda ni los discursos mamadores de gargantas inconmensurablemente profundas? ¿Para qué estudiar una carrera que me dejaría un estigma de lo que menos reconozco y aprecio en la vida? ¿Por qué estudiar filosofía si no quería ser profe, ni pobre, ni académico, ni doctor, ni maestro, ni rector, ni investigador? 




Estudié filosofía porque si no hubiera tenido que estudiar unas diez carreras repartidas en las diferentes áreas del conocimiento; porque quería saber de todo, porque leer a aquellos que han tratado de descifrar el mundo no formaba parte de lo que se podía aprender en derecho ni en la psicología ni en el cine ni en las comunicaciones, porque tampoco lo ofrecían las relaciones internacionales ni la ciencia política, por más que quiera y le eche ganas, porque nunca creí que la economía se pudiera reducir a modelos matemáticos sino que es un organismo vivo que forma parte de la práctica social. 


Y luego me di cuenta de que estudie filosofía para sentarme en la misma mesa que abogados, ingenieros, médicos, pintores, jueces, embajadores y cónsules, historiadores, comunicólogos, administradores, contadores, modistas, secretarios de estado, curadores de arte, procuradores de justicia, agentes de policía, militares, marinos, músicos, psicólogos, internacionalistas, consultores de todas las materias, economistas, matemáticos, financieros, articulista, periodistas, empresarios, escultores, sindicalistas, gobernadores, síndicos, diputados, senadores y tener algo que aportar en proyectos conjuntos, en realidades concretas, pero sobretodo, para hablar en sus términos y en su lenguaje; porque siempre entendí que tenía la responsabilidad de conocer sus términos y no que ellos conocieran los míos. 


La filosofía no sirve a la manera de la medicina o de la contaduría; no funciona para hablar de desarrollos odontológicos o de estructuras mecánicas. La filosofía que me ensañaron sirve para leer y estudiar y volver a leer y volver a estudiar; sirve para vivir en un mundo donde el pensamiento tiene su valor en lo incomprensible, para vivir con el reconocimiento de una academia que sobrevive de las secuelas de la película de Gerard Damiano. 


Hoy la filosofía no sirve y no aporta y los únicos culpables son los filósofos, porque generan pensamientos inaccesibles e intrascendentes, porque no llevan las ideas a la calle, ni a otras materias; porque no abren la filosofía a otras disciplinas y piensan que siguen teniendo la verdad entre sus manos mientras lloran diciendo: “¡ah!, ¡deja mi verdad!, ¡no la veas!, ¡no la toques!” y abrazan un mojón de idioteces que termina por ser lodo y tierra estéril. 


La idea que tenemos del filósofo es una idea heredada que no hemos querido cambiar, que no ha encontrado voluntades suficientes desde la filosofía misma para convertirse en un conocimiento que importe, abone, discuta con la cultura, con las redes sociales, con la música, con otras ciencias, que busque consenso, que sea líder. El filósofo es un vendedor de espejos, el único culpable su destino, es la chica gorda y resentida de la fiesta, el tiradero sobrepasado, un lugar que cada día se vuelve prescindible en este siglo y en los que vienen.  

25 septiembre 2021

Un desayuno con mi amigo Tafa



Tafa llega en punto de las 8.30 (una licencia literaria). Los últimos años de pandemia nos hemos reunido tres veces en dos Sanborns distintos. La memoria y la costumbre, pero sobre todo, la practicidad de no elegir un lugar con nombre de mujer, en inglés o de ingrediente exótico.


Tafa y yo desayunamos en Sanborns sin complicaciones, honesta y sinceramente. Atrás han quedado las impresiones. Nuestra amistad, su profundidad, su ir y venir, da para lo importante. ¿De qué hablamos Tafa y yo en el desayuno del viernes 24?


Teología de la iglesia griega, de los ortodoxos, Brand New Cherry Flavor, teoría del conocimiento y sus alcances en la percepción de los sensibles y su existencia (es decir, si podemos conocer aquello que no tiene materia común como el viento; es decir si podemos conocer presencias angélicas o demoniacas), de la importancia de la fe y de la creencia en el mismo conocimiento, de la responsabilidad que tenemos en lo que consumimos al formar nuestros palacios mentales. 


Hablamos de la culpa, del castigo, del terror (que puede ser mucho y muy variado), de la vida en pareja, de lo caro que es vivir en la ciudad del México, de lo bueno que puede ser vivir en Mérida, de la camisa hawaiana del Bronco, de la desaparición de las cuatro ruedas de Naím, de la inseguridad, de la tristeza en la partida, de la felicidad que provoca el llegar a un nuevo lugar y hacer una nueva vida y tener un nuevo proyecto, de los descubrimientos a pesar de la edad, de lo feliz que está y de lo feliz que estoy. 


Yde lo que se siente el miedo de volverse loco y perder el sentido de lo real, de aquello que es recuerdo involuntario que asalta de repente una tarde cualquiera, del tango, de la belleza, de los refugios que pueden ser religiosos o no pero que siempre son sagrados, de la compañía y de los amigos y de la familia.


De mi alta intolerancia a los infantes y a las relaciones familiares, del futuro que cada vez está más cerca, de lo que significa compartir con alguien todas las horas del día y no cansarse, de la suerte, del azar, de la fortuna, de la filosofía griega y de las respiraciones de los orientales, de cuántos años creemos que viviremos pero no nos preguntamos si nos seguiríamos viendo a pesar de que ahora se vaya a Monterrey por nadie-sabe-exactamente-cuánto- tiempo y tendamos esta pausa, un poco larga (el tiempo es relativo) en lo que llega el próximo desayuno. 

24 septiembre 2021

Ensayo de un crimen - Rodolfo Usigli



[…]

Se detuvo para tomar aliento.

- Me contó que cuando usted era muy joven, en provincia, le había dicho a su hermana que quería ser un gran santo o un gran criminal. ¿Es cierto?

- Era cierto - dijo él con cierta melancolía. 

- Hubiera sido apasionante - dijo ella. 

[…]



Ensayo de un crimen es una novela negra de 1944 escrita por Rodolfo Usigli, un sujeto que tuvo varias facetas en su vida, fue político, escritor, poeta, precursor de la cultura a través del teatro, autodidacta, embajador de México en Líbano y  Noruega,  incluso director de prensa de la presidencia de la república en 1936, se casó dos veces, se peleo con Luis Buñuel y escribió una novela increíble, la primera en su tipo pero aún vigente.



Ensayo cuenta la historia de Roberto de la Cruz un tipo que se dedica a vivir la vida de manera desinteresada en todos los planos menos en el de la belleza: es un esteta De la Cruz posee una pequeña fortuna heredada de su familia y que está por terminarse. De la Cruz, además, es un tipo con suerte y encuentra en un juego de poker que organiza un viejo conocido suyo la solución a su situación financiera. 


La suerte de Roberto de la Cruz en el juego será una constante durante toda la historia, con esto Usigli resuelve el tema económico para su protagonista y le permite dedicarse a una sola cosa: debatirse entre cometer o no cometer un asesinato gratuito. 


Roberto de la Cruz es un asesino, al menos lo es en su propio imaginario y en sus intenciones; sin embargo no es un asesino común, cercano a las ideas de De Quincy, a Hannibal Lecter, Roberto de la Cruz tiene, en su propio sentido estético la mesura de sus intenciones de asesino y en la misma belleza, encontrará también la salida temporal de sus crímenes. 


Esta idea de belleza está representada en la Señora Cervantes y en su hija (llamada la Nena pero de nombre Carlota como la propia madre de Usigli), quienes comienzan a cobrar importancia en escena a partir de la segunda mitad del libro y en Lavinia  (interpretada por Miroslava Stern en la película Ensayo de un crimen, la vida criminal de Archibaldo de la Cruz, dirigida por Luis Buñuel e inspirada en esta novela), quien aparecerá aún después y evocará la belleza de las mujeres Cervantes. La belleza forma parte imprescindible de la visión de Roberto de la Cruz, transfigurada en las mujeres pero con una fuerte carga en el arte, especialmente en los objetos antiguos. 



Dos fenómenos entonces forman parte de la visión del protagonista: fortuna y belleza. Elementos fundamentales en la narrativa y en la comprensión de la historia. En contraposición, la fealdad de los personajes de Patricia Terrazas y el conde Schwartzemberg; personajes que no sólo son feos por fuera y por dentro, que representan los defectos viles de los seres humanos y el detonante para que el cálculo estético de De la Cruz confirme, casi como un acto bueno, deshacerse de ellos. 


Pero los personajes del Ensayo están tan bien pensados que el ex inspector Herrera, Roldán o el gordo Asuara, en la medida de cada uno, son piezas claves en la historia, aunque su aparición no sea demasiada pero sí pertinente. Las acciones de estos, más Luisito o el mismo señor Cervantes, afectan la historia a la manera del Efecto Mariposa. Las causas, entonces, quedan plasmadas en las páginas, pero no bastan para alcanzar a conocer los efectos en los personajes: todo está perfectamente entrelazado y diseñado como la tela de una araña que se actualiza con la voz de un narrador en tercera persona.    


Ensayo también es una novela que refleja un México distante pero familiar, evocación de cierta nostalgia de lo no vivido (a la manera de las escenas de Bolaño en Los detectives salvajes) y deja un sabor fresco en la boca; un México que se comparte en historias de cantina, un Mexico lejanamente cercano, a la vuelta de la esquina. 


La homosexualidad, la infidelidad, el juego, aparecen en una discusión con categorías actuales, resistiéndose a la moralidad que suponemos de la época y abre al mundo a un México como nación que evoca a viejos países europeos: una nación independiente, democrática, de avanzada, una sociedad que discute en un plano diferente a los juicios inquisidores y llenos de prejuicios de una clase media como aquella de los años setenta en Radicales Libres de Rosa Beltrán.


Los cafés, los bares, la comida, los highballs generan sensaciones al recordar ese andar por las calles de la colonia Roma, de Reforma, del centro de la ciudad; una ciudad que se repite hoy en su idea urbana: caminar en vez de usar auto, pasear por los parques, usar taxis, descubrir bares y cantinas y antros donde la diferencia aparece de noche, para dar paso a ese otro México que duerme de día. 


Ensayo de un crimen es una novela obligada en el género policíaco, en franca competencia con obras como las de Mankell, Lemaitre; para aquellos lectores que equilibran su lectura de las novelas ingenuas y sentimentales (como dice Orhan Pamuk en El novelista ingenuo y el sentimental); para aquellos que buscan encontrar en la forma de narrar historias una respuesta (como Angourie Rice en The Community Library); pero sobre todo, Ensayo de un crimen es una novela que habla sobre la belleza como forma de vida, de muerte; un trascendental, como dice mi amigo Tafa, capaz de redimir: solo la belleza nos salva.

22 septiembre 2021

Cuatro películas para un fin de semana largo: Kate, Tenemos que hablar de Kevin, Monster, Appaloosa

 


Kate

Mary Elizabeth Winstead, una mujer que fue el crush de varios cuando hizo de Ramona Flowers en Scott Pilgrim, de otros tantos al salir de porrista en Death Proof y que terminó por cerrar esa pinza con 10 Cloverfield Lane y Birds of Prey.  Kate es un película sencilla con un guión bastante digeribles y buenos efectos visuales; un poco con el sabor de Mr. Nobody. 


La trama en Tokio y la aparición de Woody Harrelson le dan un toque especial; una película que no exige demasiado, con un soundtrack y fotografía buenos y secuencias interesantes. 






Tenemos que hablar de Kevin

La historia es genial pareciera predecible, pero el final tiene un detalle inesperado. La fotografía y las secuencias son muy agradables a la vista, la edición está especialmente cuidada y la actuación de Toda Swinton es sumamente buena, lo mismo que la actuación de Kevin pequeño y adolescente. Las transiciones, concuerdo con Carola, son exactas y no violentan en nada la narrativa de la historia, parecen teatrales.


No tenía demasiadas esperanzas al ver el trailer: cuenta poco y qué bueno. En una entrevista, Rosa Beltrán hablaba sobre Lionel Shriver, este libro y esta película. La narrativa de la historia desde la perspectiva de la madre y los temas en conflicto la hacen redonda, genial. 






Monster 

La actuación  Charlize Theron es genial. La historia no es aburrida y sin ser especialmente increíble no demerita la película. La realización pareciera de un presupuesto modesto, la música no ocupa un lugar destacado y Christina Ricci -la última vez que la vi fue en Lizzie Borden -una miniserie con más gloria que pena- lo hace bien, especialmente al inicio de la película. Monster es una película obligada.





Appaloosa

Después de perder a su Sheriff, el pueblo de Appalosa decide contratar a Virgil Cole para que ponga orden, la solución es sencilla: a partir de la firma de un contrato, la ley pasa a manos de Virgil Cole, se respeta la ley y la ley es lo que determine Virgil Cole. Ed Harris y Viggo Mortensen en un buen Western aderezado por Renée Zellweger y antagonizado por Jeremy Irons. Un guión sencillo y tradicional, una narrativa bastante agradable y buenas actuaciones.  


No pude dejar de imaginar al Ed Harris de Westworld y el peinado de Viggo Mortensen me recordó a mi amigo Jacobito. Un Western del que se rescata la idea de la ley procurada y salvaguardada por un sobre ético y de principios que no deja de ser una especie de mercenario, un pistolero, pero que hace las cosas respetando la ley.

20 septiembre 2021

Cuba Linda




Maite Hontelé no es la rubia que intentó enseñarme a bailar salsa cubana y no es la rubia que encontramos alguna vez en el metro y que buscaba llegar a un centro de convenciones a hablar sobre medicina; tampoco es la holandesa que me regalo un cubo, literal, de agua en un vuelo París - Amsterdam; ni aquella de vacaciones en Cancún que olía a manzana y bailaba levantando los brazos y gritaba.  


Maite Hontelé es la rubia de oro -¡cómo si no lo fueran!- que me trajo de nuevo a pensar en esa Cuba que conocí hace unos 10 años. Y esa trompeta que hila, como Ariadna, el retorno a la entrada de recuerdos que se me habían quedado atorados entre el hipotálamo, el olvido y mi poca coordinación para el cha cha cha. 


Y es que no puedo dejar de escuchar Cuba Linda. Me gusta la salsa: cuando bebo de más, cuando bailo con Carola, cuando cocinamos. Pero Cuba Linda es un disco  que no he podido dejar de escuchar desde hace semanas, en parte porque es concreto y directo, sincero; en parte porque tiene ese sabor de una tardecita por el malecón, un viaje en cocotaxi, tiene el son de una ida a El Palacio de la Rumba que empieza con una cena en la Habana Vieja y un Montecristo 4, precedido de una Cuba Libre con Havana 3 que abre paso a un Cubata con Havana 7, unos ojos de gata y descubre las promesas del Caribe, promesas  eternas que duran lo que un “Dile que no”.


Cuba Linda y una holandesa medio colombiana tocando la trompeta para un son cubano único, para una salsa que avanza y retrocede, que sabe a sal, a noche, a todo el tiempo en un solo guiño y a la banda que no se calla, aunque sean las 3 de la mañana.



Y en el disco


Algo clásico: Casi Muero

Algo obligado: El Cañangazo

Algo biográfico: Soy de lo peor 

15 septiembre 2021

La llave / Diario de un viejo loco: dos novelas en forma de diario de Junichiro Tanizaki


Descubrí a Junichiro Tanizaki gracias a mi amigo Johnny Deep quien me regaló El cortador de cañas, una novela corta que habla de ese Japón legendario que parece extinto. Después de El cortador empecé a prestar atención a Tanizaki que se convirtió, junto a Mishima, Kawabata y Murakami, en uno de mis escritores japoneses favoritos.  


Tanizaki tiene este sabor a un Japón de otro siglo, de otra era; quizás sea una de las mejores formas de entender las eras de Japón y sus cambios, que van del país encerrado al mundo al industrializado y que se resiste a dejar entrar a occidente. El Japón de Tanizaki tiene ese sabor de tierra mojada y luciérnagas, pero también a lo nuevo, a transición de kimonos a trajes sastre, como cambia la protagonista de La llave


Ese sabor está en las dos novelas escritas en formas de diarios, de confesionarios personales. La llave, una novela con dos punto de vista diferentes, un esposo y una esposa, sobre cómo tiene que ser el sexo y la vida en pareja después de algunos años. La llave es un texto increíble, a leerse como prevención o como receta; pertinente en cualquier momento.


La llave habla de un matrimonio que está varado. Ella no tiene mayor emoción por su esposo y no soporta tener sexo con él; él no está satisfecho con ella porque no puede hacer lo que quiere. Un día el elemento etílico hace su aparición y con un Courvoisier de por medio ella se libera a los placeres de él, quien aprovecha para dar rienda suelta a sus fetichismos prohibidos mientras ella fantasea con otro hombre.


La llave es una novela redonda y completa, que no deja de decir lo que tiene que decir y confronta los intereses sexuales de ella y de él, para dejar una muestra de la polarización de intereses, ideas, imaginaciones, fantasías y conductas de ambos; algo que veremos en Diario de un viejo loco pero desde una sola versión, pues Diario trata de un viejo esteta que se enamora de la mujer de su hijo y que se conforma con besar sus pies y gastar los yenes necesarios para que ella siga dándole licencias sobre su cuerpo, dejando sólo la voz del protagonista y su visión, situándonos en un túnel de un sólo sentido, el del protagonista. 


En ambas novelas hay una constante: la proximidad de la muerte y la libertad que emana de ésta, porque, ¿hay algún otro momento de ser libre social y personalmente si no es cuando no se tiene que perder, cuando se vive tiempo extra, cuando la muerte puede llegar de un momento a otro? Desde Tanizaki, la frontera de la muerte y su inminencia marcan la libertad total: no se puede ser libre si no se está seguro de que esa libertad no tendrá ninguna represalia social, moral, incluso personal. De los tres héroes que presentan las novelas, dos están a punto de morir, mientras que un tercero, la esposa de La llave, es quien sobrevive y quien logra contrastar su vida con la vida de su esposo. 


Ambas novelas son fluidas, interesantes, armónicas y de la extensión necesaria. Nada sobra, no se echa nada de menos y la versatilidad de Tanizaki va llenando las páginas de costumbres, cultura, cambios, emociones humanas, retratos sociales y un análisis nada superficial de la profundidad humana. Un par de obras para el final del verano y el inicio de otoño, para acompañarlas con un scotch o un vodka helado o para leerse mientras termina de llegar el sueño.