Nadie puede estar a huevo, mi amor. En ninguna parte. Físicamente es posible. De ahí que los poetas buscaran una salida para estar sin estar. Renunciar a lo que nos aprisiona: a esta ecuación de gravedad con la que nos tomamos las cosas. De ahí los soñadores. De ahí los mismos poetas, los locos, los "en fuga", los hombres santos.
Nadie puede estar a huevo, mi amor. Metafísicamente hablando, etéreamente hablando: hablando sin letras, sin frases, sin lenguaje. Tú no pudiste. Yo no pude. Esta sensación de reclamo que dejan estas fases no son reclamo,carajo, no son reclamo. Son reproche. Un reproche al destino, a la fortuna , a lo que somos, a lo que seremos y a lo que nunca fuimos.
Y no pudiste estar a huevo junto a mi, vida mía. Y yo no pude estar a huevo en tus brazos de miel. Y nos faltó imaginación, nos faltó hipocresía; nos faltó dejar de ser nosotros: faltó que tú dejaras de ser lo que eres, de eso de lo que estuve perdidamente enamorado, y que yo dejara de ser lo que soy, aquello que no dejaré de ser nunca: ni vencido, ni triste, ni en rehabilitación, ni muerto pues.
Pero mira, alma mía: a huevo, lo que mexicanamente, lo que sacrosantamente decimos a huevo… No se puede. Y lo intenté. Y lo intentaste. Y lo intentamos. Y lo intentó. Y lo intentaron. Y nadie pudo. Y nadie pudo porque a huevo, lo que se dice a huevo, mi amor: ¡tú no!, ¿y yo? Tampoco.

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