Hoy es jueves.
Hace mucho que no lo era y hoy, después de ver el mensaje de Alfredo Cervera en el que me decía: hoy es jueves, y con el clima del invierno que se acerca y esta sensación de que todo va, es jueves.
Alguna vez soñé con la sensación de este descubrimiento, el sueño que se queda en el olvido.
Las mismas preguntas: ¿Qué pasaría si volviera a darme cuenta de que es jueves? ¿Qué pasaría si el día, como una llovizna fugaz, apareciera y yo estuviera en medio de la calle a punto de ver mi nombre grabado en una pared, en un memorial?
Ninguna sensación imaginada es tan absoluta como la real, tan compacta, conceptual, concreta. La sensación que hace que las cosas comiencen a tener peso, mientras el mundo vuelve a acomodarse en una atmósfera configurada como una sonata de Glass.
Es jueves, y el descubrimiento emerge como las flores en cada burbuja de una copa de Perrier-Jouët Belle Epoque 2008. Es jueves, y mis dedos sobre el teclado, mi espíritu fermentado, mis ojos, perciben el perfume. Es jueves, y esos otros ojos, oscuros y profundos y al otro lado de la mesa, lo confirman risueños, reales: hoy es jueves.

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