Me llamo Oscar
Estoy desesperado
Vivo al día
Viajo en metro
Ni siquiera gasto en Starbucks como mis compañeros;
ni un cafecito.
No sé por dónde empezar…
Quizás, bueno,
pues,
desde la facultad,
desde la facultad me gustaba la izquierda… No quiero decir que me haya equivocado pero, bueno, nunca pensé que…
Esta es una confesión: nunca veré crecer a mi hijos. Vi en una película que este es el protocolo, que se tiene dejar alguna referencia para que sepan. La película trataba de unas muchachas supuestamente vírgenes, siempre me gustó Kirsten Dunst...
Me gustan las películas.
Especialmente las de auto superación,
como esa de Will Smith y su hijo que viven en la calle hasta que les va bien.
Me gusta el final.
Creo que por mérito propio la gente puede llegar lejos; con esfuerzo y con ganas, decía mi madre. Ahora veo que es más difícil que esfuerzo y ganas.
Mi papá siempre me dijo que buscara un trabajo donde me dieran una plaza; donde fuera, pero que si era en el gobierno, mejor y si era sindicalizada: pues aún mejor, aunque le tuviera que poner una lana, pero que así te aseguras el futuro, así puedes tener una familia y una casa y tus hijos pueden ir a una buena escuela.
Compré la idea.
Luego conocí a Janice en la facultad. Janice pensaba que el mercado es el mercado y que si el país es capitalista pues a ser capitalista. Janice fue mi novia desde segundo semestre y cuando terminamos la carrera nos casamos.
Por Janice busqué trabajo en una consultora internacional pero me batearon por ser de la UNAM y porque no sabía inglés; luego encontré varias chambas aquí y allá. Como Janice sí sabía ingles, empezó a trabajar en un despacho y comenzó a hacer su carrera. Al principio yo creí que era por su físico - porque lo que sea de cada quien siempre tuvo un bonito cuerpo -, hasta que en un brindis navideño conocí a su jefe y me agarró una nalga: nunca le dije a nadie, me pareció moralmente reprobable.
Cuando encargamos a Oscarito comencé a necesitar más lana; le busqué entonces con mi padrino Arturo, que trabajada de director en una paraestatal y pues al final sí me ayudó: me dió una tarjeta de la Licenciada Gabriela Espinoza, una amiga suya que parecía travesti y que me consiguió una chamba en la Secretearía de Economía: "Nada más porque eres el ahijado de Arturo, si no te caías con el 30% de tus dos primeros sueldos, jajajaja; no, no te creas Oscarito, es broma, es broma, pero a ver cuando te pones guapo y me invitas a comer". La Licenciada Espinoza me agarró la misma nalga que el jefe de Janice.
Mi trabajo empezaba a las nueve; la hacía de analista del licenciado Diego Gaitán: "¡Pero a mí me gusta que me digan Castor!" Era amigo de la licenciada Espinoza y se la pasaba fuera de la oficina todo el día, llegaba como a las nueve de la noche todo borracho disque a revisar el trabajo: "A ver Os-carrito, jajaja, traete los pendientes". Apenas entraba en su oficina: "… y había unas nalguitas, ¡uy!, ¡te mueres, Os-carrito!, jajajaja, ¡de pipirrín!, jajajaja". Ya como a las once me decía: "No, pues ya es hora, mañana nos vemos, mi Oscar".
Así seguí hasta que nació Raulito, que desafortunadamente vino medio malito porque nada más tenía una orejita. El trabajo fue difícil siempre: hacía lo de cinco personas más el jefe.
En la votación de 2018 yo voté por Colmena: "¡ahora sí!", pensaba, "todo irá mejor, reconocerán mi esfuerzo, México va a cambiar, voy a ganar más porque van a ver cómo me esfuerzo, en una de esas hasta ocupo el ligar del Lic. Gaitán".
Pero no me fue mejor.
Cuando se vino el cambio de gobierno mi jefe comenzó a presumirme que conocía a unos altos mandos de Colmena y que íbamos a conservar la chamba y que hasta nos iría bien. Y sí, sí los conocía y sí, sí le fue bien a él, porque le encargaron una investigación sobre los Fideicomisos que terminé haciendo yo por el mismo jodido sueldo que traía.
El trabajo se puso más carbón. Mi jefe me pidió que le buscara unas cosas, bueno, a unas muchachas que para un alto mando y que las íbamos a llevar a un lugar en Cuernavaca. Yo le dije que no me latía y me hice medio tonto. Después de dos días me dijo que si no, pues le dejara el espacio a alguien que sí creyera en al quinta transformación, y yo le dije que yo sí creía y el me dijo: "entonces, Os-carrito, ¡chínguele!, jajajaja", y dándome un disco duro me dijo: "es más, confío tanto en ti, Os-carrito, que te voy a dar chance de que escojas cinco, ya te hice la chamba, jajajaja; baja esta carpeta en tu computadora y me traes mi disco, ¡andale, cabrón!,¡qué me ves!, ¿que no te quieres ir?, ¡ya son las once! ¡Muévelas!"
Y fueron muchas fiestas y muchas carpetas.
Al principio las borraba, luego, pues ya, de repente las abría una que otra vez. Las chicas estaban muy guapas. Así pasaron casi dos años hasta que ayer me enfermé de la panza y le llamé al Lic. Gaitán: "¡Os-carrito!, ¡cómo que no vienes! ¡Namás porque es viernes, verdad cabron! ¡Ay sí! ¡Ay sí! Tengo diarrea, buuu buuu, el bebé quiere que le cambien el pañalito, buuu ¡Pues andale! ¡Tomatelo!, ¡pero a cuenta de vacaciones, cabrón!, ¡aquí nada de huevones!"
Ya en la tarde, después de unos tés de manzanilla le dije a Janice que me sentía mejor: "Ya viste, me contestó, qué mal que no fuiste a trabajar hoy porque les van a quitar sus computadoras en la Secretaría y con tu suerte, seguro te toca".
Entonces vi la noticia y ¡seguro me toca! y la carpeta y …
¿Bueno?
Hola, Adrianita, oye…
...
Sí, qué mal…
...
Oye, ¿sí me llegó el oficio?
…
¡Sí!, ¿en mi escritorio?
…
Y mi computadora, ¡no mames!, ¿¡ya se las llevaron!?
...
¡No!
...
Es que estoy enfermo.
...
¡¿Qué?!
...
¿Van a revisar los archivos?
...
Es que tenía unos documentos del Licenciado…
...
¡¿Lo corrieron porque le encontraron una red de prostitución y están buscando cómplices?!
...
Me llamo Oscar
Estoy desesperado
Vivo al día
Viajo en metro
dicen que el metro es lo más fácil,
lo más rápido

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