He estado leyendo Ciudades Invisibles
Lo he leído de a poco, de vez en cuando. Las ciudades recorren mi memoria, mi imaginación, ambas mezcladas, confusas.
Las Ciudades es un libro para leer con calma y tiempo.
Como en medio de estos días soleados que terminan en un concierto de truenos y relámpagos, como si el mundo se reconfigurara de nuevo, como si algo se sacudiera allá arriba lo suficientemente lejos para no saber qué es pero sí para saber que existe.
Tormentas
Tormentas eléctricas
Tormentas con agua y viento
Tormentas con trozos de hielo y luces en el cielo
Y he leído
Refugiado en este libro, en otros libros; un desvío afortunado de lo que parece ser un destino deshilachado y aparentemente estable.
No como Sión de Bolaño
No como las novelas de Bukowski (pero sí como sus poemas)
No como lo inesperado en la mente de un cocinero
La vida me pasa tranquila
mientras
Intento llenar el tiempo con acciones;
acciones que me gustan,
acciones nobles,
superiores,
¿dignas?
Bien podría pasarme los días en otra manifestación de la esperanza, de la espera.
Crear NFT’s en lugar de ponerme los guantes y deshacerme las manos pegándole a gigantes de viento, aprender algún oficio y tener trabajo estable para pagar las cuentas;
alienarse calladamente,
usar artefactos sofisticados mientras Elon Musk compra lugares inexistentes con millones de posibilidades: las ciudades invisibles.
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