09 octubre 2017

rothko: verde sobre morado



el aburrimiento
el aburrimiento 
¡oda al aburrimiento! 
Oda a esa sensación que detrás de los ojos vuelve pesados los párpados.

estoy terriblemente aburrido
aburrido de las calles y de la gente
aburrido de la administración  
de este ir y venir
del dinero
de aquello que requiere más de dos minutos de atención

aburrido de todo lo que exige, de todo lo que demanda, de todo lo que genera una necesidad desesperada y momentánea: inmediata 

No soy inmediato

elegí perderme en un verde sobre morado, más en el fondo, más al fondo,quizá la explicación del verde sea sólo el momento en el que las cosas toman un sentido consciente o consiente o cociente

el color que me llama desde el día de muertos 
desde la túnica pedestre de algún ministro de culto

Soluciono en algún capítulo perdido de La Literatura Nazi en América todo aquello que importaría Si mi biblioteca ardiera esta noche. Y encuentro que solucionar y no solucionar se juntan como en un anillo de matrimonio, como en un grillete ajustado al tobillo de algún negro. 

vuelvo al morado 
me vuelvo insufrible

He pensado que lo siguiente: lo que viene, lo que todavía no es pero viene,  lo que está más allá de la línea del horizonte, un poco más allá de donde llega la imaginación de lo que es hasta allá pero que ya no se ve, todo esto que desfila ininterrumpidamente  es tan inútil como hoy o como el día de mañana o como lo que viene el año que viene. 

el aburrimiento
mi aburrimiento
circunstancia perfectamente prevista
fardo voluminoso, estorba pero no pesa
el peso, en esos mismo términos en los que estoy pensando - o en los que creo que estoy pensado - se hace demasiado fantástico para ser imaginario y demasiado real para tomarse en serio
un desencanto anida en verde del té verde: 


hoy cualquier  jueves se podría ir al carajo  

28 septiembre 2017

Otra tuerca a la vuelta


El 19 de septiembre volvió a temblar en México. 

Hay secuelas: el poema curso de Juan Villoro, el exceso de noticias, el compromiso moral de ayuda, los perros rescatistas. 

No quiero decir que desperté con el sismo. Despertar con el sismo sería darle demasiada importancia al sismo o a despertar cuando pase el temblor. Tampoco es que estuviera durmiendo. O de vacaciones. O deprimido, tirado en alguna banqueta imaginaria. O disparándome en mi estudio como Werther. 

Escribo esto porque pensé una frase en la mañana. La frase es la siguiente: A todo el mundo le gusta fornicar. 

Pienso en esta frase como el inicio de todo lo demás. 
Han pasado demasiados años. 

La gente es siempre lo que es y lo que es, es lo que está destinada a ser. El destino último es la muerte. Pero eso ahora no importa.

Estoy errando. 

He perdido la costumbre. ¿Debería regresar a decir alguna cosa? ¿Qué ha pasado en este tiempo? El tiempo mismo es lo que ha pasado. 

Vuelvo como quien vuelve a una vieja cabaña abandonada y llena de agujas de pino: saqueada por los mapaches. No quiero vivir en esta cabaña. Sólo estoy de paso. 
(El mundo es una gran cabaña.) 

Yo... No sé... Yo estaba por los alrededores, de paso. El aire familiarmente desconocido me hizo girar la cabeza. 

Y estos árboles y esta atmósfera y he recordado que había un lugar al que asistía y era feliz. Regreso. Regreso como quien toma decisiones y espera que algo suceda; como si ver de nuevo algo conocido fuera la causa de algo que está por suceder. 

Puede suceder nada. 
Y suceder nada significaría que algo está sucediendo. Estoy siendo optimista.

Tengo una lata de conserva llena de desencanto. 
Este desencanto. 
Este ruido. 
Este ruido incesante de los autos que pasan. 
Estoy despertando. ¿Estoy despertando? ¿Necesito una nueva numeración? No recuerdo cómo se hacía esto. Juan Villoro es cursi. Tengo una certeza: esta letras existen, incluso, a pesar mío. Incluso a pesar mío.