Sin hojas
Sin amarillos
Sin ocres
El crujir en el piso a la vuelta y las desventajas de quien ha dormido bastante. La pertinente promesa del final sin principio. El camino sin rumbo. Pero camino, al fin, camino.
Miel que resbala por columnas soñadas y el fresco de la mañana que esconde el frío de la noche: sombras que vuelan desbocadas.
Mediodía: derrumbe naciente de un sortilegio azabache y enmarañado. Cruce de caminos cerrados. La sinfonía de quien, consecuentemente, aspira una armónica grave.
Gris citadino: suave, concreto. Temperatura templada. Un saborcito caliente. Un morado flotando. Un no sé qué. Adicción equivocada: rumbo de salientes perfectas.
Dormir se ha vuelto esa pesadez insoportable, esa costumbre, mala costumbre.

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