14 abril 2019

son las diez: están tocando de nuevo la puerta.


Vivir con alguien es una chinga. Las primeras veces se confunde con una ilusión, una imaginación de ambrosía que se expande por los sentidos durante los primeros días; meses, quizás. 

Luego el tiempo se encarga. 

Vivir con alguien es la fantasía que se convierte en realidad y la realidad que lo manda todo la verga: la verga que es uno de los tantos nombres del eterno destino de todas las cosas sobre la tierra. 

Cuando la persona es la indicada, 

- y, ¿cómo putas saber que es la persona indicada?, si no se está seguro hasta que pasa un montón de tiempo y ya es demasiado tarde para cualquier cosa; ya se está demasiado ruco y cansado y jodido para decir: ¡al carajo!, ¡ya no quiero vivir contigo!, me cagan tus formas y tu cepillo lleno de pelos en el lavabo y que ocupes todo el espejo y que apagues las putas luces temprano y que no pueda quedarme hasta tarde y que me condiciones el gasto del puto vodka porque ya bebí demasiado y me va a cargar la chingada y la cirrosis y todo lo demás que tiene que cargarme cualquier santo día de estos-

La persona indicada... Existen... Existen los acuerdos diplomáticos, las treguas; existe la razón, la lógica: ¿te molesta que haga esto o que haga lo otro o que ponga aquí mis cosas o allá o que mueva o que limpie o que haga o que exista? 

¡Ah!, pero los primeros días, el engaño, la miel, el olor dulzón de la luz del sol entrando por las ventanas y los pájaros afuera y el atardecer y luego: el medio día y el tiempo y el desgaste natural de los nervios el y la claridad que deja ver que la verdadera cara y desaparece todas las sombras y deja al descubierto, como un cuerpo maduro dispuesto al sol, todos los pliegues y puntos negros y lo que se erosiona y lo que se acaba.  

Vivir con alguien debería ser un eterno decir: Eres un extraño y quiero que seas un extraño siempre y para siempre y por siempre y todas las putas preposiciones y conjunciones y adjetivos y todo: siempre; porque al final: la puta confianza echa todo al traste, porque la confianza es abuso, es verdad, es realidad, es 


Son las diez: están tocando de nuevo la puerta. 

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