Tú,
no podrás contestarme nada,
estarás pensando en qué haremos cuando la Côte d’Azur nos pegue de lleno en la cara.
Yo,
desde el espejo,
pienso en lo imposible y lo real
y en el sabor de la champagne resbalando por tu vientre.
Tú y yo,
así,
en medio de espressos y trenes que no hemos tomado,
sin entendernos,
sin ponernos de acuerdo,
con un dejo de sabor a fresas con chocolate y desvelos,
espuma de lavanda sobre las manos y una campanilla a la lejanía,
el amarillo encerrado en mis manos tatuadas.
Tú, yo:
sentir cómo va siendo suave la noche,
la sal,
el calor,
un beso que se sumerge en el horizonte anaranjado.
Tú o yo:
ayer soñé que salías,
era jueves.

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