Vivir con alguien es una chinga. Las primeras veces se confunde con una ilusión, una imaginación de ambrosía que se expande por los sentidos durante los primeros días; meses, quizás.
Luego el tiempo se encarga.
Vivir con alguien es la fantasía que se convierte en realidad y la realidad que lo manda todo la verga: la verga que es uno de los tantos nombres del eterno destino de todas las cosas sobre la tierra.
Cuando la persona es la indicada,
- y, ¿cómo putas saber que es la persona indicada?, si no se está seguro hasta que pasa un montón de tiempo y ya es demasiado tarde para cualquier cosa; ya se está demasiado ruco y cansado y jodido para decir: ¡al carajo!, ¡ya no quiero vivir contigo!, me cagan tus formas y tu cepillo lleno de pelos en el lavabo y que ocupes todo el espejo y que apagues las putas luces temprano y que no pueda quedarme hasta tarde y que me condiciones el gasto del puto vodka porque ya bebí demasiado y me va a cargar la chingada y la cirrosis y todo lo demás que tiene que cargarme cualquier santo día de estos-
La persona indicada... Existen... Existen los acuerdos diplomáticos, las treguas; existe la razón, la lógica: ¿te molesta que haga esto o que haga lo otro o que ponga aquí mis cosas o allá o que mueva o que limpie o que haga o que exista?
¡Ah!, pero los primeros días, el engaño, la miel, el olor dulzón de la luz del sol entrando por las ventanas y los pájaros afuera y el atardecer y luego: el medio día y el tiempo y el desgaste natural de los nervios el y la claridad que deja ver que la verdadera cara y desaparece todas las sombras y deja al descubierto, como un cuerpo maduro dispuesto al sol, todos los pliegues y puntos negros y lo que se erosiona y lo que se acaba.
Vivir con alguien debería ser un eterno decir: Eres un extraño y quiero que seas un extraño siempre y para siempre y por siempre y todas las putas preposiciones y conjunciones y adjetivos y todo: siempre; porque al final: la puta confianza echa todo al traste, porque la confianza es abuso, es verdad, es realidad, es
Son las diez: están tocando de nuevo la puerta.






